27 Sep. 2022 | 01:41
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Salud

La importancia de un diagnóstico correcto para tratar el linfoma

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  • Existen muchos tipos que hoy, gracias a los avances de las tecnologías, pueden ser clasificados en subgrupos que nos ayudan a comprender mejor qué le pasa a ese paciente, cuál es el pronóstico y cuál es la mejor elección de tratamiento.

    15 de septiembre: Día Mundial del Linfoma.
    15 de septiembre: Día Mundial del Linfoma.

    Por Astrid Pavlovsky (*)

    El 15 de septiembre es el Día Mundial del Linfoma, una iniciativa impulsada por la red Mundial de Asociaciones de Pacientes, cuyo objetivo es concientizar sobre el impacto que tienen los diversos tipos de linfoma en la vida de los pacientes y promover prácticas que faciliten el diagnóstico oportuno y correcto.

    El linfoma es un tipo de cáncer que afecta principalmente a los ganglios, pero también puede comprometer la medula ósea u otros órganos. Muchas veces es asintomático: se descubre de casualidad, en algún estudio por otra dolencia.

    En otros casos, presenta síntomas muy variados e inespecíficos tales como el agrandamiento de ganglios sin una infección concomitante, fiebre, sudoración a la noche, cansancio y/o pérdida de peso repentina.

    A diferencia de otros tumores, no se realiza tamizaje ni hay estudios de rutina que deban realizarse para lograr un diagnóstico temprano. No necesariamente presenta un laboratorio alterado, y la sintomatología clínica que remite el paciente junto con el examen físico son clave para que el médico indique estudios para llegar a un diagnóstico.

    Existen muchos tipos de linfomas que hoy, gracias a los avances de las tecnologías, pueden ser clasificados en subgrupos que nos ayudan a comprender mejor qué le pasa a ese paciente, cuál es el pronóstico y cuál es la mejor elección de tratamiento.

    En esa línea, nos focalizamos en utilizar técnicas tecnológicas para dar un diagnóstico oportuno y correcto, es decir, un diagnóstico que puede darle la confianza al paciente y a sus familiares de que su patología tiene el nombre y apellido correcto, y por ende, el tipo de terapia que recibirá será el más apropiado para su tratamiento y recuperación.

    Como en toda enfermedad oncohematológica, la biopsia (extracción de una muestra de tejido para su análisis en laboratorio) es el primer paso para su diagnóstico.

    La biopsia obtenida es enviada al laboratorio y allí se puede procesar a través de diferentes métodos. Por ejemplo, la citometría de flujo es una de las técnicas utilizadas para saber si un ganglio tiene tejido reactivo normal o tiene tejido de células patológicas. Es una técnica muy rápida, ya que se puede conocer el resultado en 24 o 48 horas.

    Y en el caso de los Linfomas No Hodgkin aporta importante información acerca de la sospecha presuntiva de la patología y su clasificación. Otras técnicas son la anatomía patológica y las técnicas de biología molecular, las cuales aportan información fundamental para terminar de definir el tipo del linfoma.

    Una vez obtenido el diagnóstico, es importante tener una correcta estadificación del linfoma con métodos de imagen como la tomografía computada con contraste o el PET-TC (Tomografía por Emisión de Positrones). Un diagnóstico correcto y una exhaustiva estadificación son claves para el paso que sigue, que será una correcta elección del tratamiento.

    Los tratamientos para los linfomas dependen del tipo y la etapa de la enfermedad, del estado general de salud y de las preferencias del paciente. El objetivo del tratamiento es destruir tantas células cancerosas como sea posible y llevar la enfermedad a la remisión completa.

    Algunos de los tratamientos posibles, que se determinan según el subgrupo histológico y su estadio son:

    · Vigilancia activa: se elige esta opción sin iniciar tratamiento en linfomas indolentes que no generan síntomas ni riesgos inminentes.

    · Inmunoterapia: tratamiento con anticuerpos monoclonales

    · Quimioterapia: medicamentos para destruir las células de rápida proliferación.

    · Radioterapia: es un tratamiento útil en algunos linfomas en estadios localizados.

    · Trasplante de médula ósea: implica el uso de altas dosis de quimioterapia para suprimir la médula ósea. Luego, las células madre sanas de la médula ósea del paciente o de un donante se infunden al paciente donde viajan a los huesos y reconstruyen la médula ósea. Los trasplantes solo se indican en situaciones seleccionadas.

    En los últimos años, se ha avanzado muchísimo en nuevas oportunidades terapéuticas en pacientes con linfomas, sobre todo en aquellos que presentan recaídas o no responden a la quimioterapia. Hoy estamos intentando curarlos sin quimioterapia, a través de terapias celulares o de anticuerpos monoclonales.

    En el día de hoy, es importante destacar que, cuando hablamos de linfoma, nos referimos a una gama muy amplia de enfermedades con distintos pronósticos y tratamientos. Cabe aclarar que en la actualidad todos los pacientes con diagnóstico inicial de linfoma tienen una opción terapéutica.

    Los avances tecnológicos y terapéuticos hacen que cada vez se requiera información más precisa de las patologías oncohematológicas y esto sólo es posible si nos apoyamos en tecnologías y protocolos estandarizados en los laboratorios de análisis clínicos, de donde surge gran parte de esta información.

    Por eso es que un diagnóstico correcto y oportuno resulta clave para la elección del tratamiento. Hoy los pacientes con linfoma tienen la posibilidad de curarse y de tener una larga sobrevida con un tratamiento adecuado.

     

    (*) Médica (M.N.96.947)
    Especialista en medicina interna y hematología. Directora Médica en el Centro de Hematología Pavlovsky.

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