18 Jan. 2021 | 05:04
18 Jan. 2021 | 05:04
CONICET

Aporte científico en pos de controlar y erradicar al caracol gigante africano

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  • Fue declarado como especie invasora por los perjuicios que puede ocasionar para la biodiversidad autóctona y la salud. Es la variedad terrestre de mayor tamaño (hasta 20 centímetros de largo y 10 de ancho).

    Puede configurarse como una plaga de fuerte impacto económico.
    Puede configurarse como una plaga de fuerte impacto económico.

    LA PLATA-BUENOS AIRES (ANDigital) Se denominan especies no nativas a aquellas que son introducidas voluntaria o involuntariamente por la acción humana en hábitats a los que no pertenecen. Algunas quedan circunscriptas a un lugar determinado y no representan riesgo para la biodiversidad local o la salud humana, pero otras se adaptan al nuevo ecosistema, se dispersan y, al no hallar competencia, se apoderan del ambiente y se configuran como agentes de cambio y amenaza. Son las llamadas especies invasoras, que incluso llegan a representar daños económicos severos para la región donde se reubican.

    La problemática de su llegada comenzó a profundizarse en los años 80 por la globalización, que activó el comercio internacional a gran escala, y el cambio climático, con ambientes inestables permeables a la acción de nuevos protagonistas.

    Así arribaron a nuestro continente gran cantidad de especies exóticas: según un estudio encabezado a comienzos de este año por el investigador del CONICET Gustavo Darrigran, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP) y el Laboratorio de Investigación e Innovación en Educación en Ciencias Exactas y Naturales (LIIECEyN) del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS, CONICET-UNLP), hay 86 especies no nativas potencialmente invasoras presentes en 152 de las 189 ecorregiones en las que se divide América del Sur.

    Dentro de ese grupo, se encuentra el caracol gigante africano (Achatina fulica), una especie de molusco proveniente del este de África que está presente en casi todos los países de América del Sur –con excepción de Chile y Uruguay– y que fue detectada por primera vez en Argentina en 2010 y desde entonces se ha localizado en las provincias de Misiones y Corrientes.

    Se trata del caracol terrestre de mayor tamaño (hasta 20 centímetros de largo y 10 de ancho), que se destaca por su interés sanitario y agrícola: en el primer caso, porque suele hospedar distintos tipos de patógenos de importancia médica o veterinaria, y en el segundo porque se alimenta de plantas y puede configurarse como una plaga de fuerte impacto económico.

    Su llegada a nuestro país se dio por la acción humana intencional, para ser usado como carnada, mascota o alimento, y el traslado involuntario adherido a distintos tipos de vehículos, plantas, tierra y macetas, amplió su dispersión.

    El pasado 19 de noviembre, mediante la Resolución 417/2020 publicada en el Boletín Oficial de la República Argentina, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación comunicó la decisión de declararlo como “dañino y perjudicial para la conservación de la biodiversidad, las actividades productivas y la salud humana”. 

    Con esa medida, además de prohibir cualquier actividad comercial o de cría referida a esta especie, la cartera ambiental estableció adoptar los protocolos necesarios para su contención y erradicación plasmados en una experiencia piloto enmarcada dentro del proyecto denominado “Fortalecimiento de la gobernanza para la protección de la biodiversidad mediante la formulación e implementación de la Estrategia Nacional Sobre Especies Exóticas Invasoras (ENEEI)”, que busca minimizar el impacto de las mismas sobre los recursos naturales, la diversidad biológica, los servicios ecosistémicos, la economía, la salud pública y la cultura. Este proyecto fue coordinado a nivel nacional por el mencionado ministerio, y financiado parcialmente por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) bajo la asistencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como agencia de implementación.

    Esa experiencia piloto, denominada “Caracol Gigante Africano en la selva paranaense”, fue llevada a cabo por el investigador del CONICET Diego Eduardo Gutiérrez Grégoric, quien se desempeña en la FCNyM.

    Este mismo científico fue quien detectó por primera vez su presencia en la localidad misionera de Puerto Iguazú en 2010 y en la ciudad de Corrientes en 2013.

    “Esta especie exótica invasora es considerada una de las 100 plagas agrícolas más perjudiciales del mundo. Compite, desplaza y coloniza el hábitat de moluscos nativos, los que deben ser preservados para mantener la biodiversidad y la sustentabilidad del ecosistema”, comenta el experto.

    Y detalla: “llegan a oviponer alrededor de 600 huevos por puesta, los juveniles presentan una alta tasa de crecimiento y su comportamiento es voraz. Están activos todo el año, resistiendo altas y bajas temperaturas, alcanzando a sobrevivir hasta 6 años. Utilizan como refugio diferentes sustratos: se los puede observar en paredes, árboles, arbustos, suelo y viviendas. En situaciones desfavorables, se entierran hasta 25 centímetros”.

    Según cuenta Gutiérrez Grégoric, la erradicación en Puerto Iguazú “no es una alternativa viable en el corto plazo. Se sugiere, en cambio, una estrategia activa de control de la especie en el área invadida con el fin de reducir la densidad del caracol, disminuir su impacto local y evitar su expansión. Sí se recomiendan acciones de erradicación en focos recién detectados o de baja densidad”.

    Para finalizar, el especialista enumera una serie de consejos para aquellas personas que entran en contacto con ejemplares de la especie: “evitar especialmente el contacto de su baba con los ojos, la nariz y la boca. No hay que consumirlos, ni usarlos como carnada, mascota o adorno. No se los debe tocar. En caso de ser necesario, hay que tomarlos con guantes y colocarlos en una bolsa para luego aplastarlos y enterrarlos”. (ANDigital)

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