27 Oct. 2021 | 14:00
27 Oct. 2021 | 14:00
Entrevista

ALF, revolución en los corazones

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  • La periodista Maia Debowicz se aferra a Gordon Shumway y apuesta a un abordaje alejado del amarillismo y la mirada lineal de la serie. Una reivindicación profunda, una “carta de amor” al paladín de los distintos. Mucho más que espárragos y bobalicones.

    Dibujo de Maia Debowicz.
    Dibujo de Maia Debowicz.

    CIUDAD DE BUENOS AIRES (ANDigital) Mi cuerpo de niña estaba recubierto de pelos. Un alfombrado de pies a cabeza. Eran las consecuencias de un tratamiento hormonal invasivo para frenar un crecimiento acelerado. No me había marchado de casa en una nave especial; no obstante, me sentía una extraña. Una forastera en mi propio planeta. Cuando mi cuerpo se volvió un asunto médico, me estrellé contra el techo de un garaje invisible. Así como la familia Tanner no sabía cómo explicar qué clase de cosa era ALF, yo no tenía idea qué responder a las preguntas que me hacían sobre mi llamativo pelaje. Cómo contestar algo que yo tampoco entendía. Sólo encontré calma y comprensión en el cuerpo enano de ALF y su necesidad permanente de ocultarse. De protegerse de los interrogantes que puede lanzar una visita. Las preguntas muchas veces lastiman más que las respuestas.

    En “Costumbres de otro planeta”, Maia Debowicz empatiza en primera persona con el melmaquiano que hasta hoy sigue cosechando simpatías en nuestro país. “El origen fueron las ganas de hacer un libro que haga justicia y poder escribir desde otro lugar. Una mirada distinta de cómo ALF nos representó a todos los distintos, que el ensayo salga de ahí y luego sí, desde ese punto, hablar de varios temas”, consigna la periodista, dibujante y escritora ante ANDigital.

    Y confiesa: “básicamente es una carta de amor por todo lo que significó para mí y para todos los distintos”.

    Al desandar los “varios motivos” que la llevaron a valerse del hermano putativo de Lynn y Brian como única propuesta para que la Indie Libros publique su obra, reseña: “el primero era escribir sobre una de las cosas que más amaba. A diferencia de una nota, tiene que perdurar, no sólo después de que se escribe, si no mientras y que el interés se sostenga en el paso del tiempo”.

    “Apenas me dijeron de este proyecto, el de elegir un objeto cultural de cualquier lenguaje y disciplina fue lo primero que pensé. Por el vínculo muy estrecho con la serie y tenía la certeza que no había un libro sobre ALF, lo cual me parecía muy injusto y los textos que me he cruzado toda mi vida sobre la serie hablaban de ciertos datos o de cuestiones amarillistas e inclusive de cosas que no eran así”, reflexiona.

    Y sobre el derrotero hasta llegar a la publicación, reconoce: “me reía pensando que obviamente lo iban a bochar, no lo pensé en serio. Empezó como un chiste, pero sí era muy cierto que era lo que más querría hacer, pese a que intuía que me iban a sacar carpiendo. Me lo fui tomando muy en serio ese deseo por ser algo que me atravesó personalmente sobre lo que no se escribió tanto”.

    “Así fue que dije ‘voy a ponerle total protagonismo, sin otras opciones. De última que me bochen y propongo otra cosa’. La propuesta fue avalada, le fascinó al editor (Matías Bauso) y tuve el apoyo desde el primer instante”, exclama Maia.

    ALF, muy lejos de su planeta, Melmac, añorando la cotidianeidad con sus pares, se siente condenado a la soledad en la Tierra. Un monstruo que debe estar oculto de por vida en el garaje o la cocina para evitar ser descubierto por otros ojos. Lo distinto alerta y asusta. Asusta lo que no se conoce. El miedo es tramposo: otorga un porcentaje de impunidad para justificar hacer un posible daño ¿Cómo proteger a un extraterrestre de los temores ajenos? El mundo de ALF tiene el tamaño de una casa de cinco ambientes. Él mira por la ventana todo ese otro mundo al que no puede acceder. Como cuando uno observa por la noche los cráteres de la luna, delineando con la mirada la silueta de la mancha con forma de conejo. Yo también, de niña, espiaba por la ventana un mundo al que sentía no pertenecer. Nadie me ocultaba en la cocina; lo hacía por decisión propia.

    “ALF habla todo el tiempo de la soledad y el peso que ello conlleva, que no es lo mismo sentirse solo que estar solo. Cuando puede encontrar un vínculo que no sean los Tanner, me parece que habla mucho más allá de ser un extraterrestre. Por eso mi capítulo preferido es ‘Para tus ojos’, en el que conoce a Jodie que es un personaje que me gusta muchísimo”, precisa la autora, en alusión al episodio en el que Gordon tiene una cita “extramuros” con una joven ciega.

    “Creo que ese capítulo cambió la cabeza de mucha gente. Nunca se cae en el lugar de la lástima, es de una dignidad para con los personajes que incluso hoy es difícil de ver. Un amor muy difícil de etiquetar, súper rupturista”, sentencia.

    En torno a sus propósitos, recalca: “tenía ganas que mucha gente que quiere mucho a ALF pueda volver a encontrarse con la serie y toparse con cosas que quizás antes no las haya visto. Eso sucedió y me conmueve tremendamente e inclusive por los padres que me cuentan que van a verlo con sus hijos”.

    “El libro es reencontrarse con la serie desde una distancia, mirarla desde la adultez con otros conocimientos que cuando niños no tenemos. De chicos nos gustaba por ciertas cosas y otras no las teníamos en claro, cuestiones que se nos escapaban. ALF tiene una profundidad política que de chico no vemos o incluso muchos adultos tampoco ven”, analiza la co-conductora del programa “La autopista del sur”, de la AM 750

    Y contrasta: “el furor de aquí no existe en EE UU. Es otro vínculo. En Argentina incluso la gente que no vio la serie sabe la canción de los espárragos, es un fenómeno complejo para explicar”, anexa la columnista del suplemento Soy de Página/12 y autora de “Cine en pijamas”, publicado por Paidós.

    “El objetivo es que este entrañable personaje llegue a generaciones que no lo vivieron. Que ALF se pueda volver a ver en la televisión de aire”, se entusiasma sobre “Costumbres de otro planeta”, disponible en Leamos y en Baja Libros.

    Por último, dedica una especial mención a “los vínculos con quienes ALF no se banca mucho o viceversa, pero que sin embargo se construye una relación difícil de etiquetar. Por ejemplo, la madre de Kate, ese vínculo de amor-odio. Ese tipo de relaciones es la que más me interesan dentro de la ficción”, del mismo modo que cada ocasión en que se demuestra que es de “avanzada” para la época.

    Los relatos con monstruos o criaturas del espacio exterior reflejan con mayor claridad nuestras angustias que cualquier obra con conflictos naturalistas. Hay quienes se identifican con los Tanner tratando de aceptar lo extraño; yo buscaba que me acepten a mí. Rara, mutante, monstruosa. Pero si el riesgo implica estar indefensa ante una posible pregunta, prefería esconderme en el baño, o bajo la colcha de mi cama angosta. Uno de los episodios más conmovedores de la serie ALF es cuando el extraterrestre descubre que ese mundo de cinco ambientes le ha quedado chico. El amor de los cuatro integrantes de su nueva familia ya no es suficiente. A veces no alcanza simplemente con estar a salvo… (ANDigital)

     

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