lunes 11 de diciembre de 2023 - Edición Nº3551

Interés general | 21 sep 2023

Salud

Renovada esperanza: hace más de 20 años que no surgía nada diferente para tratar el Alzheimer

Aunque aún no existe cura para esta enfermedad neurodegenerativa que afecta a más de 30 millones de personas en el mundo, desde 2021 a esta parte se produjeron importantes avances en su tratamiento.


Por Norberto Raschella (*)


El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que al momento no tiene cura. Sin embargo, desde hace más de 20 años no surgía nada diferente para el tratamiento de esta patología y los tratamientos que existían eran pura exclusivamente sintomáticos. O sea, no iban dirigidos a cambiar el curso de la enfermedad.

A partir del 2021, esta situación cambió con los fármacos, llamados anticuerpos monoclonales, que tienen la función de pegarse a la proteína beta amiloide del cerebro y eliminarla.

El primer medicamento que aprobó la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), en 2021, fue el aducanumab, pero tuvo eventos adversos importantes, con lo cual se discontinuó su uso. Luego surgieron otras dos drogas. La primera es el donanemab, que está en fase dos de experimentación. La ventaja es que el donanemab demostró reducir los niveles de la placa amiloide en el cerebro en un 65%, comparado con el 17 % del aducanumab.

Aunque la droga aún no está en uso, promete bastante seguridad. Una de las drogas que se encuentra actualmente en uso es el lecanemab. Los estudios realizados han demostrado que tiene efectos similares a los del donanemab y, además, es superior al aducanumab. Hay que destacar que en todas estas drogas, por más de que estén aprobadas, la seguridad a largo plazo no existe al momento. Ya ha pasado que otros fármacos tuvieron que ser discontinuados.

Todos estos fármacos actúan modulando la inmunidad del sujeto y los efectos adversos que se han visto hasta ahora son los micro sangrados, que aunque representan un porcentaje bajo, no es cero. Sólo el 20 % de esos sangrados a veces se manifiestan clínicamente.

En definitiva, el Alzheimer sigue siendo una enfermedad sin cura. Lo único que hasta ahora se podría lograr con esto nuevos fármacos es la ralentización y la minimización del avance de la patología sobre todo en etapas tempranas”.
Características del Alzheimer

El Alzheimer tiene mayor incidencia en los adultos de entre 65 y 85 años. Por eso la edad es el principal factor de riesgo, aunque también puede presentarse precozmente, es decir entre los 40 y 50 años. Cuando esto ocurre se trata de una variante de la patología que tiene transmisión autonómica dominante. O sea que existe un 50 % de probabilidades de que se transmita de generación en generación.

Hay que tener en cuenta que, por ahora, estamos llegando tarde al diagnóstico del Alzheimer, porque el paciente consulta cuando ya tiene síntomas y se estima que cuando esto ocurre, la enfermedad comenzó mucho tiempo antes, a veces diez años.

Los primeros síntomas en la forma de Alzheimer típica —porque también hay otras formas– son los déficits cognitivos amnésicos, sobre todo de hechos recientes. Es decir, los pacientes olvidan por ejemplo qué hicieron hace un rato, o qué almorzaron. Además, suelen reiterar los mismos temas o se sienten desorientados en el tiempo. Aunque el paciente suele desconocer su situación, en las etapas iniciales son muchos que sí se dan cuenta lo que les sucede. Los trastornos conductuales se pueden dar en cualquier período de la enfermedad, pero son mucho más comunes en la etapa media y son variables en cuanto a la discusión que eso provoca. Por otro lado. los síntomas motrices en el Alzheimer son tardíos.

Con respecto a cuándo concurrir al médico, por norma en general cualquier paciente con más de 60 años que se queja de que se olvida cosas hay que estudiarlo, porque el objetivo es descubrir la patología lo más precozmente posible. Para detectarlo, contamos con una serie de elementos: una exploración clínica completa, una evaluación neurocognitiva completa, estudios de imágenes, de laboratorio y descartar otras patologías que puedan producir estos problemas, como el hipotiroidismo, la deficiencia de vitamina B12, etcétera”.

En la actualidad, los métodos de diagnósticos disponibles, como el análisis de biomarcadores en líquido cefalorraquídeo o la realización de pruebas de neuroimagen cerebral, son muy importantes, pero no dan un diagnóstico con certeza.

Para finalizar, como en cualquier enfermedad neurodegenerativa es importante mantener una dieta sana, realizar actividad física periódicamente y la estimulación cognitiva.


(*) Profesor de la carrera de Medicina de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y jefe del servicio de Neurología del Hospital Universitario Austral.

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Más Noticias