“¿Con quién paso las Fiestas? ¡Con quien tengas ganas! Como sería si fuese un cumpleaños”.
Con este simple -pero a la vez complejo- exhorto emocional, la especialista en capacitación en habilidades blandas, Verónica Dobronich, invita a dejar de lado algunos mandatos que sacan lustre en esta época del año.
Con el lema de “no quejarse y ocuparse”, la docente universitaria en Administración y Negocios le resta un poco de solemnidad a la vorágine y subraya ante ANDigital que “hay muchas emociones en pugna con el concepto de cierre de año, pero termina siendo anecdótico porque el 1 y 2 de enero aquí estaremos de nuevo”.
En cuanto al costado menos publicitario de la época navideña, justamente el que Coca-Cola no elegiría para sus puntuales spots, hace alusión a una significativa porción de la población a la que “le genera ansiedad, angustia y tristeza” la cuestión festiva.
“A eso debemos sumarle que somos el país número uno en estrés crónico y burn out a nivel América Latina y que venimos a tope en la lista como con la inflación, por lo que eso también influye. Más allá del que la pasa muy mal por todo esto, también afecta a quien está más holgado, pero tiene empatía por su entorno”, reflexiona.
Así las cosas, sugiere aprovechar los momentos críticos “para sumar herramientas, lidiar con lo que nos pasa de la mejore manera posible” pero sin caer en el error de la “autoexigencia”.
“Si bien cada uno se debe hacerse cargo de lo que le pasa, desde lo organizacional también se deben dar herramientas”, acota, aunque vuelve a la idea de apuntar “a lo que queremos que pase y lo que no queremos que pase, eso también depende de nosotros”.
En referencia a la cuasi obligación de acudir a encuentros, sobre todo las familiares, la coach manifiesta que “si no se puede evitar, al no tener poder de decisión, no hay que engancharse en lo que pueda ser una provocación. No ir a la defensiva, sin preconceptos de lo que vaya a pasar en la reunión”.
En este sentido, hace foco en un concepto clave: la escalera de inferencia. “No es ni más ni menos que una novela que nos hacemos en la mente; algo que se nos descontroló de sólo pensarlo. Imaginar lo que el otro piensa y ensayar posibles contestaciones, siempre con el pensamiento negativo sobre algo o alguien por defecto. Esto implica llegar, que esa persona te diga ‘Feliz Navidad’ y ya estés insultando”, detalla.
“Somos muy creativos para suponer lo que piensa el otro, no estamos acostumbrados a verbalizarlo, sea en lo personal o en lo laboral”, acota la referente del Gimnasio de Emociones.
Volviendo a lo inevitable de algunos encuentros, desliza que “podés negociar estar un rato; Navidad sí Año nuevo no; la duración de la cena, pero es importante también poner sobre la mesa el ‘¿por qué nos vamos a juntar si ya no tenemos ganas de compartir?’. Eso es algo que va cambiando para bien, pero en familias tradicionales que les parece todavía un bien a resguardar, es importante ver esas alternativas, conectarse entre sí, incluso hasta de forma lúdica, con preguntas de qué fue lo mejor que te pasó en el año, lo que más disfrutaste, que lleve para el lado positivo. Es un gran error olvidarse de la parte del juego cuando somos adultos”.
“Es fundamental hacer las cosas cuando tenés ganas de hacerlas, pero en el caso que no se pueda elegir…”, sopesa Dobronich.
Por otra parte, Dobronich puntualiza que “la búsqueda de todos es el bienestar, pero no lo puedo delegar, hay que tomar acción. También pedir cómo quiero ser tratado. Que el espacio compartido no sea un castigo, si sí o sí nos tenemos que juntar, bueno, ¿cómo pasarla de la mejor manera? Si sé que el alcohol me potencia, controlate, se puede generar un lío mayor al soltar la lengua y perder ciertas inhibiciones”.
“Muchas veces se comparte un ámbito con gente que nos molesta, si no te podés ir, al menos no pierdas tu equilibrio, no caer en el facilismo de decir ‘el otro me desestabilizó’. Vos te desestabilizás por la entidad que le estás dando, si lo dejás de lado, te sentís mejor, no te define la opinión del otro”, sentencia.
Finalmente, aguijonea con un hipotético escenario: “Bueno, pensá qué harías si fueras ‘libre’ en esa situación? ¿No te gusta pasarlo con tu familia? Supongamos que este año te dicen que no habrá reunión y tenés total liberdad de movimientos ¿Con quién compartirías ese momento? ¿Qué hacés?”.