En el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, donde el viento sopla con ritmo de mar y las costumbres aún se viven en comunidad, Patagones -el Caribe argentino- y San Cayetano -agreste y bucólico- resguardan tesoros poco conocidos.
Son destinos que no buscan el brillo del turismo masivo, sino el encanto de lo genuino: playas tranquilas, sabores costeros y tradiciones celebradas con orgullo.
Los Pocitos: tierra de ostras
Las otras llegaron a la provincia de Buenos Aires desde Japón. Un inmigrante de esa nacionalidad las trajo hasta el sur, a 80 kilómetros de Carmen de Patagones. El lugar que eligió para cultivarlas fue Los Pocitos, en la Bahía San Blas. Los Pocitos, declarado Pueblo Turístico, se levanta sobre la ribera atlántica con espíritu marino y la vida gira en torno al mar y a un producto que se volvió emblema.
El hombre que apostó a la producción ostrícola se retiró porque creyó que su proyecto había fracasado. Sin embargo, tenía razón. No llegó a ver lo que ocurrió con su iniciativa: convirtió a la localidad en el paraíso de las otras. Durante la marea baja, por la ubicación en una bahía anegada, cuando el mar retrocede deja ver una postal única: los bancos de ostras más extensos de la región.
La especie no tiene depredadores y se reproduce con mucha facilidad. Los Pocitos fue reconocido oficialmente en la década de 1930. Debe su nombre a una antigua estancia que tenía cinco pozos de agua muy útiles para la comunidad en aquella época.
Cada enero, el pago hace honor a su producto destacado en la Fiesta Provincial de la Ostra, un encuentro que convoca a pescadores, cocineros y visitantes con la pesca artesanal y los sabores de la costa como protagonistas: bailes populares, espectáculos musicales y los mejores platos. Entre los puestos de comida, los aromas de mariscos frescos, pan casero y vino blanco acompañan las charlas sin apuro, las historias de lugareños, las antiguas faenas y recetas heredadas.
El Caribe argentino, mote que logró este destino turístico por playas amplias de arena calcárea blanca y aguas turquesas y cálidas, donde el muelle de madera con 240 metros construido para atracar los botes y que los pescadores pudieran embarcar sin mojarse, genera un paisaje mágico.
Los Pocitos, Reserva Natural de Usos Múltiples, es un humedal de 16 mil hectáreas formado por un conjunto de islas, fundamental para la nidificación y migración de aves playeras como la gaviota cocinera y el flamenco austral.
En esta área protegida se permite la pesca artesanal y deportiva, y quienes visitan el pueblo pueden sumarse a jornadas de pesca, paseos costeros y recorridos interpretativos que posicionan las técnicas heredadas de generación en generación.Un lugar para sentir el pulso lento del Atlántico, redescubrir sabores auténticos y celebrar una identidad costera.
San Cayetano: entre dunas, playas y bahías
En el sudeste de la Provincia y a 75 kilómetros de la ciudad homónima, el balneario San Cayetano sorprende con su ambiente agreste. Playas amplias, dunas, bahías, formaciones rocosas y el ritmo pausado de sus habitantes, que hacen a la tranquilidad.
Los platos sencillos y frescos, con el sabor auténtico del mar, caracterizan a esta zona de la costa bonaerense.
La Rubia de San Cayetano
La pesca deportiva, tanto de costa como embarcada resulta uno de los principales atractivos. Cada febrero, la calma habitual se interrumpe con uno de los certámenes de mayor trayectoria en la región: la 44ª edición del concurso “La Rubia de San Cayetano”, organizado por el Club de Pesca San Cayetano.
Desde la institución anticipan que este año la cancha de pesca será ampliada, hasta 21 kilómetros hacia el lado de Orense y otros 8 kilómetros en dirección al monolito, abarcando desde el arroyo Cristiano Muerto hasta el Pozo del Motoquero.
Para la inscripción y premiación se montará un campamento en la playa. “El cálculo de cañas es difícil y el fuerte de las inscripciones es el mismo día del evento. En 2025 se inscribieron más de 700 entre el sábado y el domingo, y este año esperamos una alta concurrencia”, contaron del Club de Pesca San Cayetano.
San Cayetano invita a descubrir un modo de vida donde la hospitalidad rural y la sustentabilidad se entrelazan. Los proyectos turísticos locales promueven el cuidado del ambiente y el consumo responsable, reforzando la idea de que disfrutar también puede ser una forma de conservar.
En Los Pocitos y San Cayetano, el turismo se vive con los cinco sentidos. Se escucha el rumor del mar, se saborean las ostras recién abiertas, se camina sin prisa y se respira la historia de una región que preserva su identidad con orgullo.
Entre redes, fogones y fiestas, estos pueblos costeros demuestran que el sur bonaerense tiene mucho por contar: donde el mar no solo se contempla.