Aunque para millones de niños pasar una tarde en la plaza sea el mejor momento del día, las estadísticas muestran una realidad inevitable. Estudios médicos estiman que el riesgo de sufrir una fractura durante el crecimiento es de hasta un 42 % en niños varones y un 27 % en niñas, con algunas investigaciones recientes situando la incidencia general cerca del 50 % antes de la mayoría de edad.
El desafío para los padres no es sólo evitar que los chicos se caigan, sino saber qué se puede hacer cuando los niños lloran: ¿es un golpe, un esguince o hay algo roto?
Contrario a lo que suele creerse, los huesos de los niños no se rompen con el mismo ruido de un hueso adulto. Dado a que son más porosos y flexibles, a menudo sufren lo que en medicina se conoce como “fractura en tallo verde”: el hueso se dobla y se agrieta solo de un lado, similar a lo que ocurre cuando intentamos romper una rama fresca.
Esta particularidad biológica hace que muchas fracturas pasen desapercibidas inicialmente, camuflándose como simples golpes, pero requiriendo atención médica inmediata.
“El ojo humano y el tacto no son suficientes cuando hablamos de pediatría. Un niño no es un adulto en miniatura; tiene cartílagos de crecimiento activos en los extremos de sus huesos que son invisibles a simple vista, pero críticos. La tecnología de rayos X hoy debe ser capaz de detectar esas fisuras sutiles con mínima radiación, logrando un diagnóstico certero para los padres”, explica Vanina Weisbek, Gerente de Rayos X en Siemens Healthineers.
Identificar estas lesiones a tiempo es vital. Mientras que un esguince afecta los ligamentos, la fractura compromete la estructura ósea. Sin embargo, en los niños, los ligamentos suelen ser más fuertes que las placas de crecimiento, por lo que una torcedura de tobillo que en un adulto sería un esguince, en un niño tiene altas probabilidades de ser una fractura.
Para orientar a los padres, se recomiendan tres señales de alerta:
Deformidad visual: si la extremidad luce torcida o hay un bulto inusual, es importante no intentar enderezarla.
Incapacidad funcional: si el niño no puede sostener un objeto liviano o se niega a apoyar la extremidad después de 20 minutos de estar quieto, es una señal de alerta roja.
Dolor puntual: si al presionar suavemente sobre el hueso (no en el músculo) el dolor es agudo y localizado, es muy probable que exista una fisura.
La radiografía sigue siendo el estándar de oro para despejar estas dudas. Postergar la visita a urgencias esperando que “baje la hinchazón” puede complicar lesiones en el cartílago de crecimiento. Al final, la mejor herramienta de un padre es la reacción rápida ante estas señales.