El fenómeno global de Bad Bunny desembarcó en Buenos Aires y convirtió su primer recital en River en una experiencia que combinó fiesta, emoción y un fuerte sentido de pertenencia latinoamericano. Tras un recorrido internacional cargado de hitos y reconocimientos, el cantante puertorriqueño llegó al país para dar inicio a una serie de tres funciones históricas, con miles de fanáticos copando cada rincón del estadio desde temprano.

Desde las horas previas, los alrededores del Monumental ya anticipaban lo que se vendría: banderas, remeras temáticas, grupos cantando a viva voz y una ansiedad que se palpaba en el aire. Cuando las puertas se abrieron, la multitud avanzó con paso firme hacia el campo, decidida a resistir el calor y las largas horas de espera con tal de asegurar un lugar privilegiado frente al escenario.

La propuesta estética fue uno de los grandes aciertos de la noche. El personal caracterizado como si se tratara de un resort caribeño, sumado a la entrega de cámaras fotográficas al público en lugar de pulseras luminosas, reforzó el concepto del último álbum del artista y terminó de sumergir a los presentes en su universo creativo.
Minutos antes de las 21, las luces se apagaron y el estadio quedó iluminado únicamente por los celulares. Tras una breve intro audiovisual, Bad Bunny apareció en escena con un traje beige y lentes oscuros, desatando una ovación ensordecedora. Visiblemente conmovido, se tomó unos segundos para observar el estadio colmado antes de lanzar la frase que dio inicio formal al show y puso a todos a bailar desde el primer tema.
A lo largo del concierto, el artista alternó grandes éxitos con mensajes de agradecimiento y referencias al vínculo especial que mantiene con el público argentino. “Esto se siente como volver a casa. Gracias Argentina”, expresó, antes de invitar a los presentes a olvidarse por un rato de todo lo que ocurre fuera del estadio y entregarse por completo a la celebración.
Uno de los momentos más celebrados llegó cuando, ya avanzado el show, se trasladó a un escenario secundario y sorprendió con invitados locales. Entre bailes y sonrisas, se sumaron Tini Stoessel y Emilia Mernes, generando una explosión de gritos y celulares en alto.

Con una lista de temas que repasó distintas etapas de su carrera, una puesta en escena imponente y un público completamente entregado, Bad Bunny firmó un debut inolvidable en River. Una noche que dejó en claro que el artista atraviesa un momento clave y que su conexión con Argentina está más fuerte que nunca.