lunes 02 de marzo de 2026 - Edición Nº4363

Espectáculos | 2 mar 2026

Estilo único

Entre pinceles y muelles, la simbiosis Quinquela Martín-La Boca

Un recorrido por la vida y obra del pintor argentino que transformó el tradicional barrio porteño en una paleta viva de colores y fomentó su desarrollo cultural y social.


Benito Quinquela Martín, considerado por especialistas como “el inventor de La Boca”, nació el 1 de marzo de 1890, fecha fijada por aproximación tras haber sido abandonado días antes en la Casa de Niños Expósitos.

Adoptado por una familia humilde dedicada a una carbonería en el corazón boquense, Quinquela creció en un barrio de inmigrantes, lleno de lenguas, oficios y culturas diversas. El trajín del puerto y ese entorno heterogéneo fueron los primeros estímulos que modelarían su mirada artística.

El primer pincel lo sostuvo a los 14 años. Allí empezó su viaje autodidacta entre materiales humildes, garabatos en viejas telas y el estudio formal con maestros populares del barrio, como Alfredo Lázari en la academia Pezzini-Stiatessi.

Con el tiempo, este aprendizaje fue forjando un estilo pictórico único, marcado por una paleta intensa y la representación del puerto y sus trabajadores. Como decía de su trabajo: “Me parece que estoy metido en mis cuadros y amarrado a los muelles de La Boca, como los barcos que tantas veces descargué…”. Esa relación íntima con los escenarios que pintaba lo llevó a afirmar: “La Boca es mi taller, mi refugio y mi modelo”.

Más allá de la pintura, Quinquela Martín desarrolló una obra de fuerte impacto social y comunitario. Donó terrenos para la construcción de instituciones educativas, sanitarias y culturales en La Boca, como la Escuela-Museo Pedro de Mendoza y el Museo de Bellas Artes de La Boca de Artistas Argentinos, que lleva su nombre y conserva una de las mayores colecciones de su obra.

Su generosidad también se expresó en acciones transformadoras: promovió la recuperación y valorización de espacios públicos, la creación de murales, jardines de infantes, un teatro popular y facilitó el acceso al arte para vecinos y visitantes. Una frase atribuida a él resume su compromiso con su gente: “Los hombres no valen por lo que tienen, ni siquiera por lo que son, valen por lo que dan”.

Para Quinquela Martín, el uso del color no fue solo un recurso estético, sino una forma de transformaciones profundas: “El color no tiene fin. Cada color expresa un momento, una emoción… por eso pinté mi ataúd con los colores argentinos por dentro y los siete colores del arco iris por fuera”. Esa visión expansiva iluminó no solo su obra sobre lienzo, sino también la vida cotidiana de La Boca: sus fachadas, veredas y espacios públicos reflejan esa audacia cromática que convirtió al barrio en uno de los símbolos culturales más reconocibles de Buenos Aires y del arte argentino.

Quinquela Martín falleció el 28 de enero de 1977, a los 86 años. Sus restos descansan en un ataúd que él mismo pintó, convencido de que quien vivió rodeado de color no debía ser enterrado en una caja lisa.

Hoy, su obra sigue viva en La Boca, en instituciones educativas, en murales, en festivales culturales y en cada visitante que recorre Caminito, el Museo o las calles que él ayudó a resignificar. Como pintor y filántropo, su figura es un puente entre la memoria del arte argentino y las nuevas generaciones que descubren en sus colores una historia de pertenencia, trabajo y creación comunitaria.

La figura de Benito Quinquela Martín representa una síntesis excepcional entre compromiso artístico, transformaciones sociales y arraigo barrial. A través de su obra y sus acciones, no solo redefinió la pintura y el paisaje urbano, sino que también elevó la cultura como motor de unión y desarrollo comunitario en La Boca y en el imaginario nacional.

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