Este jueves 12 de marzo, a las 20 horas, se inaugura Sala Lúcida y con ella se abre un nuevo multiespacio porteño: una sala de cine independiente y lugar de experimentación dedicado al cruce entre audiovisual, artes escénicas. música y tecnologías inmersivas.
La película elegida para la ocasión es el reestreno de Un fueguito, la historia de César Milstein, con dirección de Ana Fraile.
Este documental fue el primero de la productora Pulpofilms y se acerca a la figura del premio Nobel doctor César Milstein: un científico apasionado, curioso y pionero de la biotecnología.
A través de testimonios de personas clave en su vida, la película recorre sus viajes, descubrimientos y desafíos dentro del mundo de la ciencia. Un retrato íntimo sobre el conocimiento, la curiosidad y la intensidad de vivir.
Sita en Avenida Cabildo 4740, Sala Lúcida es un espacio impulsado por Pulpofilms y Seirenfilms , dos productoras audiovisuales con trayectoria en el diálogo entre cine, investigación, prácticas artísticas y experimentación tecnológica.
Ubicada en el antiguo Teatro Cabildo, en la Ciudad de Buenos Aires, Lúcida recupera una sala con historia para transformarla en un lugar de exhibición, formación y desarrollo de proyectos audiovisuales, escénicos e inmersivos.
El proyecto articula producción, programación y formación en colaboración con instituciones culturales, festivales, universidades y espacios independientes.
Lúcida no funciona como una sala tradicional, sino como una infraestructura adaptable al servicio de la creación contemporánea. En su desarrollo, contará con una sala de cine, una sala inmersiva y un escenario flexible para teatro y música.
“Sala Lúcida retoma una tradición del cine latinoamericano que entendió la exhibición como un acto social, cultural y político, donde la proyección estaba ligada al debate, el pensamiento crítico y la construcción de comunidad. En ese espíritu, concibe el cine como una experiencia colectiva capaz de poner en diálogo las películas con las realidades sociales y culturales que atraviesan distintas épocas y territorios”, explicaron sus mentores.
Del mismo modo, dieron cuenta que “en un contexto de crisis de visibilidad para el cine independiente —marcado por la homogeneización de la oferta audiovisual, el predominio de lógicas industriales y el desfinanciamiento del cine argentino—, el proyecto surge como una respuesta estructural. Parte de la convicción de que el cine no puede reducirse a un contenido aislado, sino que necesita un espacio físico y humano para existir plenamente”.
Así las cosas, más que una sala de proyección, Sala Lúcida se plantea como “un espacio vivo de encuentro cultural, con una programación internacional curada de cine de autor, documental y experimental, donde cada función recupera la dimensión social y política del acto de ver”.
De manera complementaria, incorpora narrativas inmersivas y realidad virtual como lenguajes contemporáneos al servicio del cine independiente y las prácticas artísticas.
Así, Sala Lúcida “se proyecta como un hub regional de exhibición, debate y formación, donde las obras no solo encuentran pantalla, sino también tiempo, palabra y comunidad”.