Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para visibilizar y promover derechos de las personas dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). La jornada apunta a generar mayor comprensión social, derribar mitos y fomentar la inclusión en todos los ámbitos.
El autismo es una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona durante toda su vida. Se caracteriza principalmente por diferencias en la comunicación, la interacción social y la conducta. Algunas personas pueden tener dificultades para interpretar gestos, expresiones o normas sociales, mientras que otras desarrollan intereses muy específicos o patrones de comportamiento repetitivos.
Dentro del espectro existen distintos niveles de apoyo, que suelen clasificarse en leve, moderado y severo. Esto no implica una escala de “más o menos autismo”, sino la cantidad de ayuda que cada persona necesita en su vida cotidiana. Por ejemplo, alguien con un nivel leve puede llevar adelante una vida relativamente autónoma, mientras que en otros casos se requiere acompañamiento constante.
También se habla de distintos perfiles dentro del espectro, ya que el autismo no es igual en todas las personas. Algunos pueden tener lenguaje fluido, otros no; algunos presentan hipersensibilidad a estímulos como ruidos o luces, mientras que otros pueden buscar ese tipo de estímulos. Por eso, especialistas insisten en que cada caso es único.
En este contexto, el 2 de abril se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la inclusión, el acceso a diagnósticos tempranos y el acompañamiento adecuado. La visibilización no solo apunta a comprender el autismo, sino también a construir una sociedad más empática, donde las diferencias no sean una barrera sino parte de la diversidad.