La víctima fue identificada como Eduardo Bentancourt, oriundo de Gualeguaychú, Entre Ríos. Según trascendió, había llegado hacía poco tiempo a la capital en busca de trabajo y se encontraba instalado en un departamento alquilado.
El hallazgo se produjo luego de que familiares perdieran contacto con él durante varios días. Ante la falta de respuestas, una de sus hermanas viajó a Buenos Aires y, junto a efectivos policiales, ingresaron a la vivienda, donde lo encontraron sin vida, sentado en una silla del comedor.
Lo que más llamó la atención de los investigadores fue el contexto en el que apareció el cuerpo: en el lugar había más de 50 ampollas de distintos fármacos, entre ellos propofol y fentanilo, además de jeringas, guantes y otros elementos vinculados al uso médico.
Todo quedó bajo análisis judicial en una causa que, por el momento, se investiga como averiguación de muerte dudosa. Los peritos buscan determinar si el enfermero estaba solo al momento del hecho y si hubo intervención de terceros o consumo de estas sustancias.
El caso no pasó desapercibido en el ámbito sanitario, especialmente porque se da en medio de otras investigaciones recientes vinculadas al uso indebido de anestésicos en contextos no médicos. Esa coincidencia vuelve a poner el foco en la circulación de este tipo de drogas y los riesgos que implican.
Mientras avanza la investigación, familiares y amigos despidieron a Bentancourt en redes sociales con mensajes cargados de dolor, en un hecho que mezcla incertidumbre, tristeza y muchas preguntas aún sin respuesta.