La noche del sábado 25 de abril tendrá un pulso distinto en el tradicional tablado del Teatro Ópera La Plata. Es que Los Tabaleros vuelven a la capital bonaerense con su mezcla indomable, donde el folklore se abraza con la potencia del punk rock y se deja atravesar por múltiples géneros.
“Folklore Mutante, ahí lo vas a encontrar con seguridad”, le dice a ANDigital el guitarrista y vocalista José Martínez, al ser consultado por el ya distópico escenario de buscar en los anaqueles de una disquería la sección correspondiente a su grupo.

Condicionado por un metejón especial para con la ciudad y sus seguidores locales, aderezado por el amor a la mítica banda de punk sentimental que hizo escuela a finales de los 90, Embajada Boliviana, invita: “La Plata se merece lo mejor, y eso tendrán”.
“Queremos dejarlo todo. Si es necesario una vida, la dejaremos”, bromea el cantante y resalta: “Queremos que sea histórico y así será. La ciudad de las diagonales nos enamora desde la primera tocada. Mucha gente se cree que somos de ahí”.
Para este show en el Teatro Ópera, las localidades ya están a la venta por sistema Livepass y en la boletería de la sala, calle 58 Número 770 entre 10 y 11.
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En suma, será un llamado al disfrute, a la fiesta y al baile, un encuentro donde el público será parte de un ritual colectivo que demuestra, sin pedir permiso, que Todo es Folklore, el nuevo trabajo discográfico del grupo.

Aquí, la esencia tabalera está a flor de piel: reinterpretan y recrean su repertorio junto a artistas de diversos géneros de la música argentina. Desde referentes históricos del folklore hasta exponentes del rock nacional y la cumbia, el proyecto busca demostrar que el folklore es un territorio vivo, en constante movimiento, capaz de dialogar con cualquier estética sin perder su esencia.
De esta placa brotaron “Hielo, vino y coca” junto a Los Caligaris; “Escalera” con Los Nocheros, “Campera de Cuero” junto a Las Pastillas del Abuelo; “Carnaval por siempre” con Los Tekis y “Algodón de azúcar” con El Kuelgue.
“Fue un sueño cumplido, un portal mágico que se rompió y dejó pasar a estos seres ya mitológicos. Una de las grandes cosas que tiene el camino es la transformación de referentes a amigos. Algo que se da con mucha naturalidad, desinterés y diversión. A la vez inexplicable para nosotros ¡Pero qué lindo es tenerlos!”, exclama José y anticipa que “próximamente entrarán más sorpresas explosivas”.
Inspirado en los antiguos programas televisivos de los años 60 —como los de Ed Sullivan o más vernáculamente como los ciclos ómnibus de Pipo Mancera o Leonardo Simmons— y guiado por el talento de Fabio Alberti junto a Rodrigo Vagoneta como conductores de este gran show imaginario, el proyecto invita a vivir el folklore no como una pieza de museo sino como una fuerza viva que muta, crece y se transforma.
El álbum es una obra integral donde sonido e imagen forman parte de un mismo relato: un universo imaginado como un mundo paralelo, suspendido en el tiempo, donde los estilos se cruzan sin límites y cada canción crece en diálogo con otros artistas.
En suma, Los Tabaleros celebran la raíz y la alegría sin prejuicios, y prometen una fiesta irrepetible donde la música argentina brillará en todas sus formas.
Con una identidad tan visceral como festiva, la banda formada por los hermanos Martínez —Beto (guitarra y voz) y José (guitarra y voz)— junto a Félix Mateos (bombo y voz), acompañados por un grupo de músicos salvajes que se entregan de cuerpo y alma a cada canción, propone una experiencia que desborda el escenario.
Amor, locura y alegría se funden en un mismo pulso, creando un clima único donde la música se vive como un acto compartido, intenso y profundamente libre.
Al aludir a la “provincianía” que destila el grupo, pese crecer y desarrollarse en la jungla de cemento, el cantante reflexiona: “Es algo que viene con nosotros, que nos sigue, que si intentaríamos extirpar se ramificaría más, como quién dice, una metástasis norteña”.
“Llevamos Tucumán en las venas, Salta en el alma, pero somos más porteños que las empanadas de hamburguesa”, grafica.
Y al ir a los orígenes tabaleros, recuerda que “el primer año fue de puro descubrimiento y cancionero popular. Clásicos y no tan clásicos”.

“Pero al toque nació la necesidad de decir. La fantasía se hacía cada vez más grande. Nuestras canciones son el reflejo de nuestro imaginario y forma de vivir. Son nuestro bien más preciado junto a nuestro alocado público”, exclama.
Valiéndose de la otra patria chica de Los Tabaleros, Springfield, José apuesta a una sesuda reflexión sobre la incierta y alocada realidad argentina: “Lo único y más importante que tengo para decir al respecto: Yo no fui”.