30 Nov. 2020 | 08:32
30 Nov. 2020 | 08:32
Opinión

Bicentenario, entre angustias, prosternaciones y cacerolas

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  • Siempre desde una visión crítica al actual gobierno, el autor traza un paralelismo entre el Libertador de la Patria y el actual Jefe de estado, entre la gesta de los Andes y la fatiga por los actos protocolares del reciente 9 de Julio.

    Doscientos años no es nada en la vida de la humanidad, es apenas el equivalente a la infancia de un país.

    Decir que los patriotas estaban angustiados por abandonar el régimen monopólico español tendría como protagonistas a timoratos adolescentes, cuando en realidad la decisión y el coraje necesarios no faltaban, existían sí, diferencias entre los congresales. Primó a insistencia del hermano José, a quien no le faltaba decisión, valentía, inteligencia, visión estratégica y política, un soldado de luces propias de un carácter de los que aparecen uno o dos por cada siglo. José Francisco de San Martín no era un hombre común, fue una misión según Vicuña Mackena. Había que pensar en grande, en sacrificios, en ordenar la economía, en ceder posiciones individuales en pos de objetivos comunes. Los mezquinos intereses de Buenos Aires que unían a Rivadavianos fueron superados de momento, logrando el impulso necesario para la cruzada libertadora.

    Hoy los descendientes ideológicos de Rivadavia, Mitre, Martínez de Hoz y Cavallo, se prosternan y piden perdón a un rey vegete sin trono, miembro de una monarquía decadente. ¿Es eso acaso inocente? No, decididamente no.

    El pretendido cambio de la historia tiene como fundamentos confundir y plantear la gesta emancipadora como el producto de unos trasnochados individuos, que debieron someterse a “su amado rey” hace dos siglos, continuando con el oprobioso régimen al que estaban sometidos beneficiando a los mercaderes de Buenos Aires, a quienes poco les importaba lo qué sucedía en el interior. La sumisión a otros intereses, suplicante, manceba, de la minoría que detenta el poder actualmente, no conoce muchas palabras, entre ellas la dignidad, en este caso de la patria y sus instituciones (que niega y humilla en beneficio de sus negocios personales).

    El “agotamiento del presidente que no le permitía ir a los fastos de la Independencia”, luego de viajar en jet, dormir y descansar en los mejores hoteles, sin frío ni hambre ni mal de altura, con todos los gastos pagos, es conducta abyecta que contrasta con el estoicismo del Padre de la Patria. Quien pese a sus innumerables problemas de salud pudo organizar una provincia, un ejército pequeño, adiestrado, disciplinado, cuidar la economía sin llevar al agotamiento, prever todas las situaciones y riesgos del cruce de los Andes, vencer al enemigo en Chile, seguir con la Cruzada y renunciar al mando luego de libertar al Perú, en un sacrificio personal que no tiene parangón en la historia.

    El actual presidente Mauricio Macri no duda en entregar a la Patria arguyendo falta de crecimiento, corrupción, pérdida del rumbo, aislamiento, insertarnos en el mundo, etcétera.

    ¿Cuál es nuestro presente y futuro inmediato?: Desocupación, hambre, destrucción de la industria, pérdida de autonomía, presiones económicas... Con hijos como este, la Madre Patria retrocede en el tiempo a los dorados años 30, donde reinaban el hambre, la violencia y el mancebo sometimiento a intereses foráneos.

    Suenen cacerolas, ¡suenen! ¡Despierten ciudadanos! Es que la Madre reclama el auxilio de sus hijos. ¡Viva la Patria!

     

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