25 Feb. 2021 | 02:08
25 Feb. 2021 | 02:08
Pienso, luego escribo…

El significado de la amistad, fundamentalmente en el último año…

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  • El autor ensaya acerca de la importancia y de la profunda huella que un círculo de amigos puede dejar en la vida de una persona. Máxime en un contexto de pandemia y encierro. Pase y lea.

    Platón y Aristóteles, maestro y alumno, pero sobre todo amigos.
    Platón y Aristóteles, maestro y alumno, pero sobre todo amigos.

    En este último año todos hemos estado de alguna manera acompañados sólo por nosotros mismos; todos nos hemos sentido, al menos por un momento, en soledad, y ello dentro de una realidad un tanto extraña, ajena diríamos. Durante el último año fue la realidad que nos resultó ajena. ¿Por qué? Porque debimos experimentar y adquirir nuevas rutinas, novedosas y extrañas formas de comportarnos, completamente diferentes con las que solíamos transitar cotidianamente; y esto provocó que nuestra reacción interna (que luego se refleja en lo externo) haya modificado nuestra comprensión del mundo y, por ende, nuestras sensaciones: somos “extranjeros” en un lugar inhóspito que, si bien habitamos siempre, lo hacemos ahora en condiciones de vida profundamente alejadas de nuestra habitualidad.

    Ello se refleja incluso en la calle, donde todos se observan y nos observan como si fuésemos completos extraños, individuos atormentados y hostiles, características proporcionadas por el simple sentimiento de terror ante la probabilidad de contagiarse de este virus tan “ajeno”.

    Nos hemos sentido, de alguna manera, solos y solas, y ante esta soledad es necesario recuperar la amistad, una de las formas de amar que más llenan el corazón de aquellos “animales inteligentes”, situados, como decía Friedrich Nietzsche, en “ese apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, quienes inventaron el conocer”.

    “La amistad –diría Aristóteles– es lo más necesario en la vida, puesto que nadie podría vivir sin amigos, incluso aunque sea el más dichoso”. Pues es así como dice el estagirita, sin amigos nuestra vida rondaría por un mar de preguntas, de introspecciones, de incertidumbres, de supuestos, los cuales, aunque podamos resolverlos por nuestra cuenta o por lo que algún familiar nos pueda transmitir, lo cierto es que carecerían de ese formidable condimento que ellos suelen proporcionarnos. Las relaciones de amistad llevan un proceso que requiere de una presentación, de un estudio de la personalidad, de las actitudes que tengan en los grandes y en los pequeños detalles cotidianos, pero lo que más consolida esas relaciones que tengamos con nuestros amigos son las experiencias, los momentos vividos, que van formando no sólo la personalidad de ambos, o la experiencia que tengamos para con la vida, sino que –más importante aún– cada experiencia compartida va cargando esa relación de emotividad, nostalgia y pasión, por el simple hecho de tener a alguien cerca que lisa y llanamente nos hace bien.

    Es tan fuerte el vínculo que genera la amistad verdadera que esa relación puede adquirir fuerza y vida propia. Cuando se tienen verdaderos amigos uno complementa lo que el otro carece de manera individual, el aura entre ambos se convierte en una sola, porque los amigos están para ayudarnos, para comprendernos, para respaldarnos, para hacernos reír, para conversar, para desahogarnos, para abrazarnos; los amigos, esos que se cuentan con los dedos de una mano, son los que realmente vale la pena tener a nuestro lado.

    Y, a raíz de esto, me hago el siguiente planteo: a partir de lo sucedido con la pandemia de coronavirus los amigos son completamente necesarios. Ante semejante acontecimiento global se develó quiénes son verdaderamente nuestros amigos, los que están ahí donde más los necesitamos, en los momentos de mayor incertidumbre y extrañeza ante la realidad; ellos están en las buenas, pero sobre todo los encontramos en las malas, porque la misión de un amigo –como mencioné previamente– es complementar al otro para crear el aura que tanta veces vemos formándose entre dos verdaderos amigos, formando un lazo formidable y excepcional, pocas veces visto en la vida. Ante esta situación de soledad y extravío, el lazo que pudimos encontrar en los amigos fue el que realmente nos proporcionó el apoyo necesario para continuar con nuestra alegría. Por eso durante este último año, la compañía de nuestros amigos más íntimos y reales fue profundamente necesaria para los individuos posmodernos, ya sea virtual, física o espiritual, porque son ellos los que, de la manera más desinteresada posible, complementan nuestra vida. Tenía razón Aristóteles…

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