Por Pedro Noel Romero (*)
Un día de duros recuerdos para los radicales. Un 19 de octubre de 1976, fue salvajemente asesinado Mario Abel Amaya, abogado defensor de presos políticos en Chubut donde ocurrió “La Masacre de Trelew”. Lo torturaron hasta matarlo en la Cárcel de Villa Devoto.
Raúl Alfonsín fue el último que lo vio con vida. Fue él también quien luego recogió su cuerpo destrozado por la tortura y organizó un velorio “clandestino”, en Mataderos.
Ya mencionamos en ANDigital todo cuanto realizó Amaya. Referimos a su compromiso y que en los años 80 y sobre todo los 90 del menemato de los indultos la Juventud Radical y Franja Morada coreaban en los actos aquel cántico “por el Ruso –Sergio Karacachoff- Pueblo la derecha que se vaya”. Hasta a Fernando De la Rúa se lo cantaban.
Esta vez retranscribimos la historia escrita por Pedro Calvo en la publicación “El Radicalismo en Tiempos de Oscuridad”.
Mario Abel Amaya fue secuestrado, torturado y asesinado por la dictadura militar en 1976. Amaya había sido electo diputado nacional por la provincia de Chubut, en las listas de la Unión Cívica Radical. Integró el bloque de diputados nacionales de la Unión Cívica Radical 1973-1976, que presidía Antonio Tróccoli.
Osvaldo Álvarez Guerrero, Raúl Borras, Adolfo Gass, María Teresa Morini, Carlos Bravo, Plácido Enrique Nosiglia dirigentes del Movimiento de Renovación y Cambio del radicalismo, cuya jefatura ejercía Alfonsín a nivel nacional, fueron sus compañeros de bancada. En esa misma elección de 1973 fue también electo, como senador por la provincia de Chubut, Hipólito Solari Yrigoyen. Ambos asumieron sus mandatos el 25 de mayo de 1973.
No sería la única coincidencia que involucraría a ambos jóvenes dirigentes radicales, de la provincia de Chubut, a lo largo de sus sueños y luchas compartidas. Amaya era también profesor titular, de la materia Introducción del Derecho en la Facultad de Derecho, de la Universidad de Buenos Aires.
Despojado de su cátedra cuando el fascismo, en el gobierno de Isabel Perón, con el rector Ottalagano se adueña de la Universidad. Amaya había nacido en Dolavon Chubut el 3 de agosto de 1935.
Su padre era un docente proveniente de la provincia de San Luis. Realizó sus estudios secundarios en la ciudad de Trelew, trasladándose a la provincia de Córdoba donde se graduó como abogado. En sus épocas estudiantiles militó en el Reformismo Universitario.
Una vez recibido regresó a su provincia, fue docente en el colegio Nacional de Trelew, ejerciendo como abogado. Se involucró en la defensa de presos políticos, gremiales y sociales en plena dictadura militar de Onganía, Levingston y Lanusse. Fue dirigente gremial docente. Se desempeño como apoderado del dirigente cordobés, perteneciente a Luz y Fuerza, Agustín Tosco.
Es detenido, puesto a disposición del Poder Ejecutivo, por la dictadura militar en agosto de 1972. Encontrándose en el aeropuerto de Trelew se ofreció, como abogado, garante de la vida de los presos políticos que se habían fugado de la cárcel. No pudo acompañar a quienes luego serían fusilados.
Terminó preso tres meses en la cárcel de Villa Devoto. Así fue como se constituyó la “Comisión de Lucha por la Libertad de Amaya” formada por distintos partidos políticos; el Colegio Público de Abogados de Chubut; CPS (Comisión de Solidaridad con los presos políticos); distintas asociaciones gremiales y sociales. Su abogado defensor sería Solari Yrigoyen. Su compromiso militante lo llevó a redoblar esfuerzos en defensa de las luchas populares.
Amenazado por la Triple A pasó a integrar sus listas negras. Usurpado el poder por el dictador Videla se ordenó su secuestro junto a Solari Yrigoyen. Los ejecutores de la orden de detención eran los miembros del V Cuerpo del Ejército, con sede en la ciudad de Bahía Blanca, los generales Acdel Vilas y René Azpitarte.
No tenía ninguna acusación, ni proceso de ninguna naturaleza en la justicia. Tampoco tuvo derecho alguno de defensa. El mayor Carlos Alberto Barbotta (posteriormente modificó judicialmente su apellido por Barbot) fue el responsable del secuestro. En la madrugada del 17 de agosto de 1976 fue secuestrado en Trelew y Solari Yrigoyen en Puerto Madryn.
Trasladados en avión a la Base Aeronaval de Bahía Blanca, fueron conducidos al centro de detención del regimiento 181 de Comunicaciones, lugar conocido como “la escuelita”.
El 31 de agosto Amaya y Solari Yrigoyen fueron arrojados a un zanjón al costado de la ruta nacional n° 3. El 11 de setiembre son trasladados, junto a otros presos políticos, a la Base Naval Almirante Zar de la ciudad de Trelew, de allí fueron a la cárcel de Rawson. Fueron torturados brutalmente.
Durante días sufrieron todo tipo de tormentos. El director del establecimiento era el prefecto Osvaldo Fano. Amaya era asmático. Le quitaron el inhalador y no le suministraban medicamentos.
Cuenta Solari Yrigoyen, no obstante estar incomunicados en el pabellón 8 de Rawson, que logra ver a Amaya por última vez en el baño. “...Tenía la cabeza partida, estaba morado por los golpes y hablaba con dificultad. Alcanzó a decirme: estoy muy mal”.
Sería reconocido Amaya como detenido y, “blanqueado” como preso de “máxima peligrosidad” (figura penal establecida mediante decreto del gobierno justicialista de Isabel Perón) puesto a disposición del Poder Ejecutivo. Es trasladado a la cárcel de Villa Devoto. A la madre de Mario Amaya le fue permitido visitarlo en sus últimas horas.
Dice Solari Yrigoyen: “Su madre, que fue autorizada a verlo, pasó frente a su cama del hospital sin reconocerlo por el estado en que se encontraba como consecuencia de los sufrimientos que se le habían infligido. Por la noche, esa dama de gran temple, le relataría entre sollozos a mi señora, en nuestro departamento en Buenos Aires, donde se alojaba en esos días, el doloroso encuentro.
Raúl Alfonsín fue el último que vio con vida a Mario Abel Amaya. Un par de días más tarde, fue él también quien recogió su cuerpo destrozado por la tortura. Amaya falleció el 19 de octubre de 1976. Tenía 41 años.
Amaya fue despedido por sus correligionarios y amigos en el barrio porteño de Mataderos. La dictadura prohibió que su cuerpo fuera llevado para ser velado en el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. Se encargó del sepelio Liborio Pupillo vicepresidente del Comité Capital.
Un colaborador de él, José Suárez actual presidente del radicalismo de la sección 21, retiró el cadáver de la morgue de la cárcel. Pupillo fue un caudillo y dirigente de gran arraigo en el barrio de Mataderos. De origen intransigente, se vinculó desde los comienzos de Renovación y Cambio con Raúl Alfonsín.
Acompañó a Alfonsín en el retorno de la democracia en 1983, encabezando la lista de diputados nacionales que triunfó en la ciudad de Buenos Aires. Amaya fue velado en el barrio de Mataderos donde concurrió Ricardo Balbín. Sus restos fueron trasladados e inhumados en Trelew. En una conmovedora ceremonia, con un fuerte marco represivo, hablaron Alfonsín y Carlos Fonte.
(*) Periodista. Corresponsal de ANDigital en Casa Rosada
Bibliografía: Pedro Calvo, Libro “El Radicalismo en Tiempos de Oscuridad”.