En medio del debate de cuánto y cómo el país debiera invertir en investigación, el profesor Luis Dambra analiza los principales indicadores de I+D y subraya que la solución demanda más protagonismo de las empresas y más inversión en desarrollos enfocados en las necesidades de la sociedad.
Por Luis Dambra (*)
La investigación científica en la Argentina quedó por estos días envuelta en un debate que podría tener grandes repercusiones a futuro ¿Es realmente productiva la tarea de los investigadores locales?
¿Son “demasiadas” las personas abocadas a esta tarea o nos faltan expertos? ¿Deberíamos reenfocar los esfuerzos y la inversión hacia otros tipos de investigaciones?
En primer lugar, hay una baja inversión en I+D en la Argentina respecto del PBI (0,52 %), en comparación con otros países innovadores. Israel encabeza el ranking con una inversión del 5,44 % de su PBI, seguido por Corea (4,81 %). En los Estados Unidos representa el 3,45 % y en Brasil el 1,17 por ciento.
Con respecto a la cantidad de investigadores, no son tantos como parece, en la Argentina hacen falta investigadores.
Esta opinión es respaldada por los datos del informe que consigna que el país tiene 2,73 investigadores en jornada completa cada mil integrantes de la PEA (población económicamente activa). Si bien en números absolutos Argentina es el país que más investigadores tiene cada mil integrantes de la población económicamente activa (PEA), la cifra prácticamente se mantuvo igual en los últimos 11 años, a diferencia de otros países de la región como Chile, Brasil y Paraguay que aumentaron considerablemente en el mismo período.
Con respecto al mundo, Argentina está muy por debajo de otros países que adoptaron el rumbo de la innovación, como España (6,39) o Corea (16). La mayoría (90%) de los investigadores trabajan en organismos públicos y el 47 % tienen más de 45 años. En 2010, el 70% de los investigadores tenían menos de 50 años. Esto habla de una comunidad que está envejeciéndose.
El sector público domina la inversión en I+D con el 58 %, por lo que es necesario un mayor protagonismo del sector privado.
En 2010, el sector público representaba el 73 %; las empresas aumentaron su participación, pero aún es insuficiente.
En los organismos públicos, el 85 % de su inversión se enfoca en investigación básica y aplicada, dejando solo el 15 % para el desarrollo. La actividad empresarial, en cambio, tiene una fuerte orientación al mercado y la investigación experimental.
Un portfolio adecuado para revertir la urgente situación en la Argentina sería destinar el 10 % a investigación básica, el 40% a investigación aplicada, y el 50 % al desarrollo experimental.
Es evidente el retroceso de nuestra capacidad innovadora. En 1980 duplicábamos a Corea en la cantidad de patentes por millón de habitantes. Después de 40 años, nosotros retrocedimos y ellos multiplicaron sus patentes por 170. Esto no fue casualidad; fue el fruto de una política coordinada y coherente.
Discutimos mucho cómo distribuir riqueza, pero nos hemos olvidado de reflexionar sobre cómo generarla. No hemos sabido entender que la solución de fondo es ciencia y tecnología aplicada a los negocios, para generar y exportar valor agregado.
(*) Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales (FCE) de la Universidad Austral (sede Pilar) – director del Centro de Innovación y Estrategia para América Latina (CIEL).