martes 21 de abril de 2026 - Edición Nº4413

Economía | 21 abr 2026

La Argentina de Milei

Lumilagro, el “ejemplo” libertario: trabajadores despedidos, hornos apagados e importaciones

“La apertura no beneficia al consumidor, amplía los márgenes de ganancia de las grandes empresas”, advirtió el economista Claudio Lozano. Desde la empresa, se vanaglorian por su cambio de perfil.


El presidente del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IpyPP), Claudio Lozano, negó que la premisa de que la apertura de importaciones implique menores precios para los argentinos, ya que según un reciente informe, las empresas que dejan de producir localmente para importar productos mantienen márgenes de ganancia que superan, en algunos casos, el 600 por ciento.

Así las cosas, planteó en declaraciones a Radio 10 que el proceso de apertura económica que impulsa Javier Milei “no solo destruye el tejido industrial, sino que funciona como una transferencia directa de recursos hacia los sectores más concentrados de la economía”.

Los números del “negocio de importar”

El informe desarrollado por el IPyPP destaca casos emblemáticos donde la brecha entre el costo de importación y el precio de venta al público es abismal.

Según Lozano, por ejemplo. la empresa Lumilagro importó termos a un costo de $ 8.178, pero los vende en el mercado interno a $ 44.000. “Es un margen bruto de ganancias del 438 %”, graficó.

Además, denunció una disparidad insólita: “Esos mismos termos los coloca en el mercado norteamericano a $15.510, en lugar de los $ 44.000 de Argentina”.

En el caso de la compañía Essen, el economista mencionó incrementos del 667 % entre el precio de importación de cacerolas y su valor de góndola.

Mientras que para la textil Adidas, las zapatillas entran al país con un costo de $ 26.700 y se comercializan a $ 100.000.

Whirlpool, tras cerrar su planta en Pilar y despedir a 500 trabajadores, mantiene brechas de casi el 100% en heladeras y lavarropas.

Despidos y destrucción de la industria nacional

“Llevamos en estos dos años prácticamente unas 24 mil empresas menos cerradas en la Argentina, que echaron alrededor de 300 mil trabajadores”, acotó el exdirector del Banco Nación.

Asimismo, dio cuenta que “el proceso de apertura genera una ampliación de los márgenes de beneficio. Como tienen poder de mercado, hacen una diferencia enorme entre el precio de importación y el precio al que lo colocan en el mercado interno”, puntualizó.

Más adelante, aseguró que “tampoco produce un efecto benéfico sobre el consumidor. Siempre dicen que la apertura beneficia al consumidor, pero resulta que las empresas colocan los productos incluso por encima del valor que tienen en otros mercados a nivel mundial”.

E insistió que “acá no hay competencia. Son empresas que tienen poder oligopólico y, consecuentemente, son las que manejan el ingreso de la producción importada”

Lo que están produciendo es la destrucción de consumidores. Cuando expulsás trabajadores y licuás ingresos, el mercado interno se achica y queda asociado simplemente a los sectores de altos ingresos”, sentenció.

Modelo de exclusión

Para Lozano, el respaldo de las grandes entidades industriales al Gobierno se explica por este cambio de matriz: de producir a importar con rentabilidades extraordinarias. “Matan la industria, matan consumidores y pierden capacidad productiva”, condensó.

Finalmente, el economista subrayó que esta política beneficia a un “pequeño y reducido grupo de capitales” que logran elevados beneficios mientras el resto de la sociedad sufre la pérdida de empleos y el encarecimiento del costo de vida. “No es algo que le joda la vida al conjunto por igual; hay ganadores claros que defienden este modelo”, concluyó.

Lumilagro, el mejor alumno de Milei

El actual titular de la histórica fábrica de termos Lumilagro, Martín Nadler, eligió para su descargo dialogar con el comunicador ultraoficialista Luis Majul y volvió a justificar los despidos en la empresa y el cambio de modelo productivo.

“Teníamos 200 trabajadores cuando hacíamos los termos de forma manual, era un proceso bastante artesanal. Pero hoy en día los termos se hacen casi en su totalidad con máquinas, tanto en China como en otras partes del mundo donde están las instalaciones”, puntualizó.

“No hay personas trabajando. A veces uno se imagina las fábricas con personas con mamelucos trabajando día y noche y ya no es así”, acotó.

En igual tono, intentó desdramatizar las cesantías y dijo que “tuvimos que tomar la decisión de tecnificarnos, como hicimos en la década del 70, cuando soplábamos las botellas a pulmón”.
 

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