Este 2 de mayo, la cultura argentina celebra el cumpleaños de uno de sus talentos más reconocidos a nivel internacional: Norma Aleandro. Actriz, regisseur de ópera, autora, docente, guionista y directora teatral, encarna la excelencia interpretativa a lo largo de una vasta trayectoria tanto en el país como en el exterior, que incluye el Óscar por la película La historia oficial, de Luis Puenzo.
Nacida en 1936 en una familia de artistas —hija de los actores Pedro Aleandro y María Luisa Robledo, y hermana menor de la actriz María Vaner—, Norma inició su carrera a los nueve años. Ya de grande, integró el prestigioso elenco de Las dos carátulas en Radio Nacional y actuó en varias películas y programas de televisión. En teatro hizo los clásicos Eurípides, Molière, Cervantes, Lope de Vega y Tennessee Williams, entre otros.
Uno de sus trabajos más recordados es su participación en el grupo Gente de Teatro en la década de 1970, donde David Stivel -junto a Bárbara Mujica, Marilina Ross, Emilio Alfaro, Federico Luppi, Carlos Carella y Juan Carlos Gené-, transformó la televisión con ciclos emblemáticos como Cosa juzgada, que recreaba casos reales con guiones de Gené, Carlos Somigliana y Martha Mercader.
Tras su exilio en 1975, regresó al país en 1981 para presentar la obra La señorita de Tacna, de Mario Vargas Llosa y, poco después, en 1985, protagonizar con Héctor Alterio uno de los filmes argentinos que más trascendió la frontera de lo artístico: La historia oficial, la primera película latinoamericana en ganar el premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos.
La película ya había recibido un Globo de Oro y Aleandro había compartido el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes con la estrella Hollywoodense, Cher. Todavía hoy conmueve escuchar su “God bless you” cuando le tocó abrir el sobre y anunciar el nombre de la ganadora a mejor película en lengua extranjera.
Más tarde reflexionó sobre la importancia del filme: “Llegamos a la conclusión de que era una obligación ciudadana. No tenía nada que ver ya con lo actoral. Yo no disfruté actoralmente nada esa película”.

En cine, su filmografía es tan vasta como ecléctica e incluye La tregua, Cien veces no debo, Sol de otoño, El hijo de la novia, Cleopatra, Cama adentro, Música en espera, Anita, Andrés no quiere dormir la siesta, La tierra en armas, Los siete locos, Las tumbas, El caso Monzón, La guerra de un hombre, Signos vitales, La fuga, Los secretos de Maró y Operación Masacre.
También trabajó en películas extranjeras, entre las que figuran Gaby: A True Story (actuación también nominada al Óscar y al Globo de Oro), Tobi, Las verdes praderas, Cousins, Passport to Terror, One Man's War, Corazón iluminado, El faro del sur, Deseo, Seres queridos y The City of Your Final Destination.
Su labor teatral tuvo éxitos contemporáneos como Las pequeñas patriotas, Sobre el amor (clásicos españoles y latinoamericanos), Mi querido mentiroso, El juego del bebé, Largo viaje un día hacia la noche, Escenas de la vida conyugal y Agosto, entre muchas otros. Mención especial merece Master Class, estrenada en el Teatro Maipo en 1996. Bajo la dirección de Agustín Alezzo, Aleandro interpretó magistralmente a la cantante lírica María Callas, un hito de la cartelera porteña por su retrato del sacrificio artístico.
Para Aleandro, la actuación es una búsqueda profunda de empatía: “Un personaje es un misterio enorme", afirma y agrega: "Un actor tiene que estar muy bien entrenado, físicamente y en todo sentido: su cuerpo, su voz... como un trapecista”.

Reconocida por sus ojos profundos, Aleandro sostiene que la mirada es la esencia del actor: “Es el lugar donde el ser humano revela quién es. La expresión que sale por la mirada te cuenta la verdad o no de ese personaje; ves la construcción, los hilitos del personaje o ves realmente a una persona”.
Brindó clases avanzadas para artistas y coordinó cátedras de dirección de actores en la Fundación de la Universidad del Cine- es categórica para denunciar la crueldad con la que a veces se enseña teatro. Tal vez debido a la conocida (y hoy impensable) anécdota en la que la profesora francesa Simone Garman, en una de sus primeras clases, la fulminó con un tajante “vos no servís para la actuación”.
“Hay un desconocimiento muy grande acerca de cómo enseñarle a alguien a desarrollarse en el mundo de la actuación. Hay artes mucho más matemáticas, como la música, donde si contás con un mal profesor, por lo menos tenés un montón de cosas para aprender. En teatro, si bien hay una disciplina y técnica para prepararte física y psicológicamente, se trata de meterte en un mundo. Es algo tan incierto como ir a una operación de hígado; la gente va muy desprevenida a estudiar teatro y le dicen ‘revolcate por el suelo’, ‘desnudate’, y todos hacen caso. Hay mucho aprovechamiento, mucha perversión, mucha cretinada y mucho sadismo”, sostuvo Aleandro en una entrevista.
Su rol como escritora y artista plástica es menos conocida. Confieso que pinto se llama el libro que publicó en 2020 y Norma en la nube, la serie de pódcast y videos de Film&Arts donde narra 40 cuentos propios, escritos a lo largo de su carrera. “Me gusta escribir como me gusta dibujar, pero no me gusta hacer de eso una profesión. Ya tengo una profesión que es bastante exigente, la de actriz, entonces no tengo ganas de que me exijan nada, ni escribir, ni dibujar. Lo hago por placer desde que era chica y con el tiempo fui buscando formas: de pronto fue el puntillismo y me enamoré de esa técnica. Buscaba por mi cuenta porque me di cuenta de que era divertido y armaba las sombras con tranquilidad”, afirmó.

Como directora realizó puestas de La venganza de Don Mendo, Medea, Lo que vio el mayordomo y la ópera La Cenerentola. Su labor le valió el Premio Konex de Brillante 2001, el Obie de Nueva York, el Cóndor de Plata, el David de Donatello, seis Martín Fierro y múltiples Premios ACE.
Ciudadana ilustre de la ciudad de Buenos Aires, Norma Aleandro se ha convertido en un símbolo de nuestra identidad. Por la solidez de su trayectoria y su amplio reconocimiento, constituye una referencia cultural indiscutida.