Una peligrosa organización criminal dedicada a la falsificación de moneda y su posterior introducción en el circuito comercial fue desarticulada en las últimas horas por efectivos de la Policía Federal Argentina (PFA). La banda, autodenominada “Los Falsimuladores”, operaba mediante una aceitada red de "pasadores" que inundaba con billetes apócrifos de dólares y pesos a pequeños y medianos comercios del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y de varias localidades del interior provincial.
La investigación judicial, que comenzó en abril de 2025 bajo las directivas del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N°1 de San Martín, liderado por el juez Emiliano Canicoba, se originó a partir de la detención de una mujer cordobesa que intentó realizar una compra con dinero falso. Tras ese arresto, la División Falsificación de Moneda de la PFA inició un minucioso trabajo de inteligencia criminal que permitió identificar a los seis cerebros de la banda: cuatro hombres y dos mujeres.

Los agentes federales intervinieron las líneas telefónicas de los sospechosos, revelando la estructura interna de la organización y el curioso lenguaje encriptado que utilizaban para coordinar los golpes en las zonas comerciales y evitar los controles de las fuerzas de seguridad.
Para organizar las salidas delictivas y coordinar la distribución del dinero espurio, los criminales utilizaban frases cotidianas vinculadas a las comidas del día:
"Vamos a desayunar" o "vamos a almorzar": Coordinación de salidas matutinas y del mediodía para colocar billetes en centros comerciales del conurbano.
"Vamos a merendar" o "vamos a pasear": Claves utilizadas para activar las recorridas nocturnas o los viajes hacia el interior de la provincia de Buenos Aires.
En una de las escuchas más comprometedoras, uno de los delincuentes celebraba la impunidad de las maniobras al asegurar de manera laxa que “los papeles pasan como locos” en los locales nocturnos y comercios de cercanía.

La pesquisa determinó que el líder de la banda —pareja de la mujer detenida en el inicio de la causa— utilizaba un taller mecánico y de tornería en la zona norte del conurbano como centro de reuniones operativas y búnker logístico. Desde allí, la banda organizaba la distribución de tareas: los coordinadores proveían el dinero falso, los choferes trasladaban las células operativas y los denominados "pasadores" se encargaban de ingresar a los negocios locales para concretar compras de bajo valor y hacerse de dinero real a través del vuelto.
Los investigadores comprobaron que el radio de acción de la banda no se limitaba al Gran Buenos Aires. El grupo criminal realizaba viajes relámpago para atacar comercios en ciudades bonaerenses clave como Chacabuco, Junín y Lincoln, aprovechando el menor nivel de alerta de los comerciantes locales. Incluso, se detectó un viaje logístico a la localidad balnearia de Villa Gesell con el único objetivo de retirar una importante remesa de billetes, a la que llamaban internamente "material".
A pesar de que los delincuentes comenzaron a sospechar del seguimiento policial y extremaron los recaudos telefónicos para no quedar expuestos, el Departamento Federal de Investigaciones logró reunir el material probatorio suficiente. Con las órdenes de allanamiento dictadas por la Justicia, brigadas de Antifraude y Lavado de Activos irrumpieron en cinco inmuebles ubicados en las localidades de Olivos, Florida Oeste y Martínez.
El resultado del operativo conjunto arrojó la detención de los seis investigados —quienes ya contaban con antecedentes penales por delitos similares— y el secuestro de elementos vitales para el expediente:
Billetes nacionales: 120 ejemplares falsificados de la denominación de 20 mil pesos.
Moneda extranjera: 36 billetes apócrifos de 100 dólares.
Logística: Una camioneta utilizada para el traslado de los pasadores por el interior bonaerense y 9 teléfonos celulares de última generación.
Los seis implicados quedaron detenidos en Alcaidías federales a disposición del magistrado interviniente, bajo la carátula unificada de falsificación de moneda, mientras los peritos analizan la documentación secuestrada para determinar el origen de las matrices de impresión utilizadas.