domingo 28 de junio de 2026 - Edición Nº4481

Interés general | 28 jun 2026

Enfoques

¿Puede existir una política pública sin una política de salud mental?

Las comunidades no están formadas por estadísticas, están formadas por personas. Pocas veces nos detenemos a preguntarnos cómo se encuentran los individuos que sostienen los indicadores.


Por Catalina Irades (*)

Cuando hablamos de política solemos discutir presupuestos, obras públicas, seguridad, empleo, infraestructura o desarrollo económico. Sin embargo, existe una pregunta que rara vez ocupa un lugar central en el debate:

¿Qué lugar tiene la salud mental dentro de la construcción de las políticas públicas?

La salud mental, una deuda pendiente de las políticas públicas

La pregunta resulta particularmente relevante en una época atravesada por el agotamiento emocional, el estrés, la incertidumbre económica, la violencia, los consumos problemáticos y la creciente dificultad para sostener proyectos personales y colectivos.

Durante décadas aprendimos a medir casi todo. Medimos índices económicos, niveles de empleo, crecimiento, productividad y rendimiento institucional. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos cómo se encuentran las personas que sostienen esos indicadores.

Porque detrás de cada trabajador hay una historia.

Detrás de cada emprendedor hay una carga emocional.

Detrás de cada familia existen conflictos, desafíos y recursos.

Detrás de cada comunidad existen deseos, frustraciones, miedos y expectativas.

La salud mental no constituye únicamente un asunto clínico. Tampoco debería limitarse a la atención individual de quienes atraviesan una situación de sufrimiento.

La salud mental atraviesa el trabajo, la educación, la economía, la producción, el deporte, la cultura y la vida cotidiana.

Por eso quizás sea necesario revisar una idea que durante años pareció natural: la creencia de que las políticas públicas pueden diseñarse exclusivamente desde la administración de recursos.

Las sociedades no están compuestas únicamente por recursos.

Están compuestas por sujetos.

Sujetos atravesados por historias familiares, por condiciones económicas, por vínculos afectivos, por valores culturales y por deseos que muchas veces permanecen invisibles para las instituciones.

Pensar el desarrollo desde una mirada más humana

Desde esta perspectiva, la pregunta deja de ser cuántos programas existen y pasa a ser otra:

¿Las políticas públicas están contemplando verdaderamente a las personas para las cuales fueron creadas?

La respuesta no necesariamente implica destinar más presupuesto.

Implica ampliar la mirada.

Implica comprender que la salud mental no es una temática aislada dentro de una oficina específica, sino una dimensión transversal que impacta sobre cada área de la vida comunitaria.

Quizás uno de los grandes desafíos de los próximos años sea justamente ese: pasar de gestionar problemas a comprender sujetos.

Porque cuando una comunidad fortalece a las personas que la integran, también fortalece su capacidad de producir, de educar, de emprender, de vincularse y de construir futuro.

Y tal vez allí se encuentre una de las preguntas más importantes para la política contemporánea:

¿Es posible pensar el desarrollo de una sociedad sin pensar, al mismo tiempo, la salud mental de quienes la habitan?
 

(*) Psicóloga clínica – Psicoanalista – Especialista en salud mental laboral
 

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