lunes 29 de junio de 2026 - Edición Nº4482

Política | 29 jun 2026

Casa Rosada

Pesado lastre negativo: imagen, demandas y preocupaciones que enfrenta Diego Santilli

La del flamante jefe de Gabinete es una figura con un nivel de polarización similar al de otros funcionarios de La Libertad Avanza, más allá de venir de un espacio –el PRO– que en teoría podría aportarle un perfil más transversal.


Con la confirmación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete de la Nación, Zentrix Consultora repasó los datos ya relevados en el Monitor de Opinión Pública (MOP) de mayo, que permiten anticipar el terreno con el que asume: una imagen todavía negativa en el balance general (50,6 %), pero sensiblemente mejor que la de Manuel Adorni (73,6 % negativa), y fuertemente atravesada por la grieta política.

Tal como se había informado en el MOP de mayo, la imagen de Santilli no es un activo transversal: depende casi por completo de la identidad política de cada votante. El patrón se repite, todavía más marcado, con el voto de octubre de 2025: 80,5 % de imagen positiva entre el electorado de La Libertad Avanza (LLA), contra un 80,3 % de imagen negativa entre los votantes de la oposición.

Es, en los hechos, una figura con un nivel de polarización similar al de otros funcionarios del espacio libertario, más allá de venir de una fuerza –el PRO– que en teoría podría aportarle un perfil más transversal.

Por región, su nivel de apoyo es más alto en el interior del país (40,8 % de imagen positiva) que en los dos bastiones tradicionales del PRO: en CABA llega al 36 % y en la provincia de Buenos Aires al 36,2 %, ambos algo por debajo del promedio nacional, aunque con una base de apoyo sólida en las tres regiones.

Quién lo ve bien y quién lo ve mal

A esa lectura política se suma una social, que dibuja dos perfiles bastante definidos. Por edad, su evaluación mejora a medida que sube la edad del encuestado: 26,1% de imagen positiva entre los menores de 40 años, 35,5 % entre los de 40 y 59 años, y 41,1 % entre los mayores de 60 años.

El fenómeno es interesante porque, al hacer el corte por estratos etarios, se observa un patrón exactamente opuesto al del presidente Milei, quien tiene mejor imagen entre los menores de 40 años y peor entre los mayores de 60 años. Esto podría leerse como un dato favorable para la llegada de Santilli: al cosechar mejor imagen justo donde al presidente le va peor, podría sumar base y complementar el mensaje oficial en ese segmento.

Por sexo, es algo mejor entre varones (39 %) que entre mujeres (34 %, con un 54,1 % de rechazo). Pero la diferencia más marcada aparece por nivel socioeconómico: 50,5 % de imagen positiva en los estratos altos y un 47,9 % en los medios, contra apenas un 25,4 % en los bajos. En este último segmento la imagen negativa llega al 62,8 %, la cifra más alta de cualquier corte de todo el informe.

En conjunto, el perfil que tiende a verlo mejor combina mayor edad, nivel socioeconómico medio o alto y residencia en el interior del país. En contraposición, el que tiende a verlo peor combina menor edad, nivel socioeconómico bajo y residencia en el área metropolitana.

Las preocupaciones que va a tener que administrar

Más allá de la imagen, Santilli asume con un electorado oficialista que ordena sus prioridades en torno a una lógica de balance y herencia. El ranking lo encabezan las deudas (53,2 %), seguidas por la corrupción (46,7 %) y la incertidumbre económica (35,5 %); el desempleo (32,5 %) y la inflación (26,6 %) quedan más atrás. Es una agenda que mira hacia atrás tanto como hacia adelante: la prioridad no es tanto la urgencia del día a día, sino el pasivo que el Gobierno dice estar ordenando. Un marco que, en principio, le da a la nueva Jefatura de Gabinete cierto margen para presentar la gestión económica como un proceso en curso, no como una crisis abierta.


Entre los votantes opositores, el orden se invierte casi por completo y la lógica cambia de raíz: la incertidumbre económica lidera (59,4 %), seguida de ingresos y salario (52,6 %) y, muy cerca, la corrupción (51,6 %) –uno de los pocos puntos de coincidencia entre ambos electorados, aunque con intensidades bien distintas–.

A diferencia del electorado oficialista, esta agenda está anclada en el presente inmediato: lo que preocupa no es la herencia ni el rumbo de mediano plazo, sino la incertidumbre sobre qué va a pasar con el propio ingreso de acá a poco.

Para Santilli esto implica que buena parte de la oposición no va a evaluar su gestión por el diagnóstico macroeconómico que ofrezca, sino por señales concretas y rápidas sobre el bolsillo. Esto configura un terreno mucho más exigente y con menos margen de tiempo que el que le da su propia base electoral.

El bolsillo, el terreno común

Si hay un punto de contacto real entre ambos electorados es la fragilidad del poder adquisitivo, aunque con intensidades muy distintas. Entre los votantes oficialistas, el 52,5 % llega como máximo al día 20 del mes con sus ingresos, mientras que entre los opositores esa cifra sube al 73%. La brecha se repite en la percepción sobre el salario: sólo el 25,8 % de los votantes de LLA cree que le está ganando a la inflación, y entre los opositores esa cifra cae a apenas el 0,9 por ciento.

La capacidad de ahorro marca la diferencia más nítida de todo el bloque económico: el 18,5 % de los votantes oficialistas asegura llegar a fin de mes y poder ahorrar, contra sólo el 3,9 % entre los opositores. Así, se establece una distancia que muestra que la fragilidad económica no sólo está más extendida entre la oposición, sino que también deja mucho menos margen para proyectar a futuro.


 
Santilli asume, entonces, con una imagen condicionada por la grieta política y social, administrando un cargo donde su propia base reclama gestión de la deuda y el rumbo económico, mientras la oposición concentra su demanda en el poder de compra cotidiano. Dos agendas que conviven con una misma presión de fondo –el deterioro del ingreso real–, pero que exigen lecturas y respuestas distintas según de qué lado de la grieta se mire.

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