La Argentina de los próximos años estará inevitablemente marcada por una transición histórica: el paso de una Selección ordenada alrededor de Lionel Messi a un equipo que deberá aprender a competir sin depender de su presencia constante. Ese cambio no significa cortar con el pasado, sino administrar una herencia enorme. La influencia de Messi seguirá estando en la cultura del grupo, en la exigencia competitiva y en la manera de entender los momentos decisivos, pero el protagonismo tendrá que repartirse cada vez más entre futbolistas llamados a sostener el nuevo ciclo.
En ese contexto, conocer a los jugadores que pueden ganar peso en el futuro, entender sus roles y seguir su evolución resulta útil no solo para los fanáticos del fútbol argentino, sino también para quienes analizan el deporte desde la perspectiva de los pronósticos y las apuestas. Observar minutos, rendimiento, adaptación táctica y liderazgo emergente permite tomar decisiones con más criterio, especialmente cuando ese análisis se complementa con recursos como el bono de 1xBet para nuevos apostadores argentinos, siempre desde una mirada responsable y consciente.
La foto de este equipo tiene una doble lectura. Por un lado está Messi, de 39 años, todavía goleador del torneo con ocho tantos y motor absoluto del funcionamiento albiceleste. Por el otro, un grupo con nueve futbolistas que superan los treinta años, una cifra que obliga a pensar en el recambio casi por necesidad biológica. El Mundial de Estados Unidos, Canadá y México se transformó así en una vidriera perfecta para los más jóvenes, esos que Lionel Scaloni fue metiendo de a poco y que el hincha comenzó a querer sin haberlos visto demasiado antes. Ninguno de ellos llega con la etiqueta de reemplazante de Messi, porque esa comparación sería injusta para cualquiera. Lo interesante es otra cosa, el modo en que se mueven alrededor del capitán, aprendiendo, imitándolo con respeto, sin pretender ocupar su lugar. En ese gesto colectivo se adivinan los primeros trazos de la Selección post Messi.
El nombre que más espacio ganó es el de Nico Paz, de 21 años, número 10 del Como en Italia. Su historia tiene un peso familiar que la vuelve especial. Debutó en el Mundial entrando por el propio Messi en el estreno ante Argelia y después fue titular frente a Jordania, en el cierre de la fase de grupos. En la tribuna del estadio de Dallas estaba su padre, Pablo Paz, exdefensor de la Selección que disputó el Mundial de Francia 1998 junto a un tal Diego Simeone, y que se quebró en llanto al ver a su hijo saltar al campo desde el arranque. El vínculo de Nico con los referentes del vestuario aparece en cada declaración. Sobre el consejo que le dio Messi, el joven contó que el capitán le pidió trabajar duro y ser humilde, nada de discursos grandilocuentes. Consciente de la dimensión del momento, Paz también fue claro sobre la idea de suceder a Leo: sostiene que reemplazarlo es imposible, porque para él es el mejor de la historia y nunca habrá otro igual. Esa mezcla de ambición y respeto es, quizás, la razón por la que varios medios ya lo señalan como el próximo enganche de la Selección.
A su lado se hizo un lugar Giuliano Simeone, extremo del Atlético de Madrid nacido en Roma cuando su padre, el Cholo, jugaba en la Lazio. Su debut mundialista tiene un costado casi de película. En 2023, una fractura de peroné lo dejó fuera de las canchas durante meses, y en esos días difíciles escribió en el grupo familiar de WhatsApp una promesa que entonces parecía una locura, la de llegar al Mundial 2026. La cumplió, y lo resumió en una sola frase al debutar, “elegí creer”. El personaje se completó con una imagen que se volvió viral en la Argentina. Durante los octavos ante Egipto, con Giuliano en el banco, las cámaras enfocaron a Diego Simeone en un palco, vestido con la camiseta número 17 de su hijo, pasando de pedir calma a estallar de euforia en el gol de Enzo Fernández sobre el final. El técnico más intenso del fútbol europeo convertido en un hincha más, un contraste que las redes no dejaron pasar.
El tercer nombre que asoma es el de Valentín Barco, de 21 años, mediocampista y lateral izquierdo del Estrasburgo. Formado en las inferiores de Boca Juniors, llegó a Europa vía Brighton antes de afirmarse en el fútbol francés, donde encontró continuidad y una nueva posición. Representa la cara menos mediática del recambio, con menos foco individual que Paz o Simeone, pero con minutos crecientes y la confianza del cuerpo técnico. Es, además, uno de los más jóvenes de una delegación que salió a defender la corona conquistada en Qatar.
Hay un nombre que, por ausencia, cuenta tal vez la historia más aleccionadora. Franco Mastantuono, de 18 años y flamante jugador del Real Madrid, llegó a la antesala del Mundial con la etiqueta de gran promesa del fútbol argentino, y sin embargo quedó fuera de la lista definitiva de 26. Su exclusión funciona como recordatorio de que el recambio de la Selección no se decide por el ruido mediático ni por el valor de mercado, sino en el día a día del entrenamiento. En su lugar viajaron y juegan los que se ganaron la camiseta partido a partido.
Lo que está pasando en este Mundial excede a los resultados. Cada vez que Scaloni hace un cambio o arma un equipo alternativo, el público conoce a alguien nuevo y empieza a proyectar. Messi sigue siendo el faro, autor de ocho goles y conductor indiscutido de la Albiceleste, pero es en la manera en que los pibes orbitan a su alrededor donde se dibuja el porvenir. La Selección que viene después de Leo todavía no tiene forma definida, aunque sus primeros nombres ya están escritos, y se los está presentando el propio Mundial, en horario central y frente al televisor. ¿Cuál de estos jóvenes creés que tendrá el mayor peso en la próxima etapa de la Selección?