viernes 24 de julio de 2026 - Edición Nº4507

Economía | 24 jul 2026

Opinión

Argentina regala miles de millones de dólares anuales a Estados Unidos

En lo que configura una paradoja casi surrealista, una de las economías más frágiles a nivel global, subsidia sistemáticamente al Tesoro más poderoso del mundo. Derecho de señoraje y falta de educación financiera.


Por Marcos Victorica (*)

A lo largo de las décadas, el ahorro en dólares permanece como un método incuestionable entre los ahorristas argentinos. Basta con observar los números que presenta el informe de balanza de pagos del INDEC: los millones de dólares guardados por fuera del sistema equivalen a más de seis veces las reservas brutas del BCRA. Ese dinero funciona como un préstamo sin interés ni vencimiento a las arcas estadounidenses.

El stock de dinero fuera del sistema superó los 284.039 millones de dólares en el primer trimestre del año, según el último relevamiento del INDEC. Cabe destacar que la divisa estadounidense atravesó en el primer semestre de 2025 su mayor caída en más de 50 años.

Debido a los niveles de desvalorización del dólar, esto representa más de 10.000 millones de dólares de transferencia del ahorrista argentino al Estado norteamericano. Al pretender proteger sus ahorros mediante la acumulación de dólares, los argentinos incurren una y otra vez en una tarea infructuosa, por lo que se vuelve fundamental repetir un concepto clave: la liquidez pasiva no es resguardo.

No debemos caer en el error de cuestionar la informalidad per se o, mejor dicho, a la gran masa de ahorristas que históricamente se ha refugiado en ella. El 80 % de la población global convive con la informalidad económica, en una realidad que no responde a decisiones individuales, sino que refleja los déficits y la desconfianza en el edificio institucional moderno. Ahora bien, el gran problema del ahorro en dólares se encuentra en el método y no en la forma. En 2025, por caso, tanto quien mantuvo su dinero inmovilizado en un cajón como el que lo cedió a un banco con intereses mínimos perdió aproximadamente un 10 % de capital.

Tal vez el dato más impactante al respecto tenga que ver con el mecanismo denominado “derecho de señoreaje”. Cada vez que alguien en el mundo compra un dólar, entrega bienes o servicios reales a cambio de un papel que a la Fed le costó centavos producir. Esos billetes en circulación equivalen a un préstamo sin interés ni vencimiento que el mundo entero le extiende a Estados Unidos, quien invierte esa liquidez en activos que sí rinden. Estados Unidos recibe anualmente un promedio estimado de entre 20.000 y 30.000 millones de dólares, de los cuales Argentina es uno de los mayores contribuyentes.

Así, en lo que configura una paradoja casi surrealista, la Argentina, una de las economías más frágiles a nivel global, subsidia año a año al Tesoro estadounidense, el más poderoso del mundo. En el medio, el ahorro de los argentinos disminuye a cuentagotas en tanto pierde valor de compra en un mercado internacional regido de hecho por el dólar.

El escenario presenta entonces una causa que posibilita esta situación. No absoluta ni estructural, pero sí profundamente arraigada en la sociedad argentina: la falta de educación financiera. La fe ciega en el dólar ignora que la inflación en Estados Unidos existe, aun cuando es inmensamente menor a la que registra la Argentina. Si los dólares ahorrados no trabajan, su valor real cae. Según los datos del Bureau of Labor Statistics, el IPC estadounidense alcanzó una inflación acumulada del 38 % en los últimos 10 años, lo que equivale a una pérdida de poder adquisitivo cercana al 27 % para los dólares inactivos. El fenómeno no es coyuntural: entre 2000 y 2025, la inflación acumulada en Estados Unidos fue del 87 %, a un ritmo promedio de 2,5 % anual, lo que implica que un dólar guardado sin generar renta durante ese cuarto de siglo perdió cerca de 46 % de su poder de compra real.

Invertir es la única forma probada de maximizar los ahorros

Existen tantas alternativas como perfiles de inversores, por lo que es clave comprender la proporcionalidad directa entre rentabilidad y riesgo. Una inversión en acciones puede generar mucho dinero, pero también grandes pérdidas. No es una opción necesariamente errónea, pero sí requiere de espalda financiera. Por otro lado, una cartera diversificada combina seguridad y rendimientos, por lo que configura una apuesta más indicada para los ahorristas. Por ejemplo, quien invirtió en self-storage obtuvo en el plazo de un año una renta neta mínima del 7 % en dólares.

No obstante, transformar el ahorro en inversión no depende únicamente de la voluntad de los individuos ni de su conocimiento del mercado. Para que ese proceso ocurra de manera sostenida, es indispensable que existan condiciones macroeconómicas favorables, entre las cuales el acceso al crédito ocupa un lugar central. Un sistema financiero capaz de ofrecer financiamiento accesible y a tasas razonables no solo permite movilizar capitales que hoy permanecen inmovilizados, sino que también amplía las posibilidades de inversión de quienes aún no han logrado acumular un volumen significativo de ahorro.

Una política crediticia favorable a la inversión es una necesidad que emerge del escenario argentino, y es allí hacia donde se debe avanzar. No hacia la especulación, sino hacia el crecimiento económico.


(*) Economista y CEO de BAS Storage


 

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