domingo 26 de julio de 2026 - Edición Nº4509

Espectáculos | 26 jul 2026

Una noche especial

Skay, esa fina estampa: histórico regreso a La Plata

La siempre filosa guitarra de Patricio Rey volvió a la ciudad donde todo empezó. Emotiva evocación al Indio Solari y un concierto masivo que hizo vibrar los cimientos del Hipódromo.


Largas previas con dos sedes fuertes en el anocher del sábado: en la plazoleta frente al colegio industrial San Vicente de Paul y en 1 entre 44 y 45, una de las cuadras más desangeladas de La Plata. Mística ricotera, música, bebidas y humo. Tras 12 años, Skay Beilinson volvía a la ciudad donde todo empezó.

Con una expectativa potenciada por la partida de Indio Solari, su socio musical durante décadas debió mudar el concierto inicialmente previsto para el Club Atenas al Hipódromo.

Un público de varias generaciones llegado desde distintos puntos del país disfrutó desde minutos después de las 22 horas y hasta la medianoche de un contundente show del legendario guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Junto a Los Fakires, Skay repasó todas las etapas de su carrera solista y regaló los momentos más emotivos de la noche con infernales clásicos de los Redondos.

Con “Paria” como arranque, una declaración de principios que viene desde Talismán (2004), se olía que no iba a ser una noche más en el circo hípico de la capital bonaerense. “Soy un náufrago del tiempo, intentando hacer pie”.

Una lista rotunda, en línea con lo que viene haciendo el talentoso guitarrista en su recorrido federal. “Soldaditos de Plomo”, “Tal vez mañana”, “Aves migratorias” y “Late”. Fueron en saga.

“Quiero dedicar este tema, en homenaje y en honor al querido amigo Indio”, dijo el Flaco antes de hacer vibrar el cemento de 44 y 115 con “Todo un palo”, gema que cierra Un Baión para el ojo idiota. Y sin respiro, llegó “Criminal Mambo”.

Con celebradas canciones como “Síndrome del trapecista”; “La pared del rojo lacre” y “El Golem de La Paternal”, la conexión con el público -muchos primerizos- se sostuvo y entró en erupción promediando el show con “Jijiji”.

Para el momento del popurrí “El pibe de los astilleros y “Nuestro amo juega al esclavo”, algunos desajustes técnicos quedaron definitivamente en el olvido. El cierre fue a toda orquesta para las más de 10 mil almas presentes con tres piñas al mentón: “Oda a la sin nombre”; “El sueño del jinete” y “Gengis Khan”.

En la ciudad donde todo comenzó, Beilinson alimentó aún más una llama inextinguible. Redondos para toda la vida.

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