Latinoamérica está envejeciendo más rápido que cualquier otra región del mundo. En 2050 una de cada cuatro personas tendrá más de 60 años y, por primera vez en la historia regional, habrá más personas mayores que jóvenes. Este proceso en la región se da a su vez en un contexto de elevada prevalencia de enfermedades crónicas, desigualdades sociales y recursos sanitarios limitados que exige anticipar respuestas preventivas capaces de preservar la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores.
El escenario plantea entonces una pregunta que atraviesa por igual a gobiernos, sociedades científicas y sistemas sanitarios: ¿Cómo prepararse para una población que vivirá más años pero que también convivirá durante más tiempo con enfermedades crónicas y una mayor vulnerabilidad frente a las infecciones?
Con esa pregunta como punto de partida, un grupo de destacados infectólogos, geriatras, epidemiólogos y especialistas en inmunizaciones de nueve países de Latinoamérica se reunió recientemente en Lima para participar del Influenza Summit LATAM, cuyo objetivo fue revisar la evidencia más reciente sobre influenza y traducirla en recomendaciones concretas para las políticas públicas.
El resultado fue el documento “Llamado urgente a la acción por una longevidad saludable”, un consenso regional que propone fortalecer la protección de las personas mayores a la influenza mediante estrategias de vacunación adaptadas al nuevo perfil demográfico de la región.
Cada año en el mundo la influenza provoca enfermedad respiratoria grave a entre tres y cinco millones de personas, mientras que sus complicaciones causan hasta 650 mil muertes, en especial en personas mayores y personas con comorbilidades. La infección causada por el virus de la gripe (influenza) es un problema de salud pública importante ya que puede desencadenar episodios cardiovasculares, metabólicos, neurológicos y funcionales que explican buena parte de las hospitalizaciones y mortalidad asociadas a la enfermedad.
En las personas mayores, además, la influenza puede acelerar la pérdida de autonomía y aumentar el riesgo de dependencia. El impacto de la influenza genera así una pérdida económica sustancial al debilitar la capacidad laboral productiva y aumentar los costos sanitarios.
Los expertos coincidieron en que el envejecimiento poblacional obliga a replantear las políticas preventivas vigentes. Desde incluso antes de los 50 años, el sistema inmunológico atraviesa un proceso natural conocido como inmunosenescencia, que reduce la capacidad de respuesta frente a las infecciones y también frente a las vacunas tradicionales.
En paralelo, la elevada prevalencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y enfermedad renal incrementa el riesgo de complicaciones graves asociadas a la influenza. Por eso, el consenso propone avanzar hacia estrategias diferenciadas para las poblaciones con mayor riesgo, incorporando vacunas antigripales mejoradas, - por ejemplo, adyuvantadas -, diseñadas específicamente para generar una respuesta inmune más robusta en personas mayores y otras poblaciones vulnerables.
“Este consenso propone cuatro acciones prioritarias: aumentar la conciencia sobre el impacto multisistémico de la influenza y el riesgo asociado al envejecimiento y las enfermedades crónicas; armonizar las recomendaciones de vacunación para las personas mayores en los países de la región; fortalecer los consensos entre sociedades científicas y tomadores de decisión; y visibilizar la inversión y la costo-efectividad de las vacunas antigripales mejoradas”, expresó Nancy Sandoval Paiz, infectóloga de Guatemala, vicepresidenta de la Asociación Panamericana de Infectología (API) y una de las moderadoras del workshop donde se elaboró el documento.
“Latinoamérica es una región profundamente heterogénea, con importantes diferencias entre sus sistemas de salud, sus capacidades presupuestarias y sus coberturas de vacunación. Precisamente por eso resulta fundamental avanzar en medidas que permitan que una población cada vez más longeva pueda vivir más años con salud, autonomía y calidad de vida”, agregó.
Por su parte, la doctora Susana Lloveras, médica infectóloga argentina, expresidenta de la Sociedad Latinoamericana de Medicina del Viajero (SLAMVI) y una de las firmantes del consenso, aseveró que “la evidencia muestra que fortalecer las estrategias de vacunación, incorporando herramientas adaptadas a las necesidades de estas poblaciones, representa una oportunidad para promover una longevidad más saludable y fortalecer nuestros sistemas de salud”.
“La vacunación antigripal mejorada para personas mayores y con enfermedades crónicas es una prioridad impostergable de salud pública en Latinoamérica”, agregó a su vez el también firmante médico argentino José Ricardo Jáuregui, presidente de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría.
El documento recomienda adoptar los 60 años como edad de referencia para definir a la población mayor en riesgo e impulsar la incorporación de vacunas antigripales mejoradas dentro de las estrategias nacionales destinadas a ese grupo etario y a personas más jóvenes con enfermedades crónicas.
Estas vacunas antigripales mejoradas están diseñadas para aumentar la inmunogenicidad ya sea uso del adyuvante MF59 o mediante una mayor cantidad de antígeno o por tecnología recombinante y demostraron mayor efectividad que las vacunas estándar en personas mayores e inmunosenescentes. La protección frente a la influenza con vacunas antigripales mejoradas permite mantener la autonomía al retrasar o prevenir el deterioro funcional, hospitalizaciones y eventos sistémicos graves que pueden conducir a la discapacidad o a la muerte.
“En una región altamente heterogénea, con amplias brechas socioeconómicas y diferencias en sus sistemas de salud, capacidades presupuestarias y coberturas vacunales, resulta aún más relevante implementar medidas que permitan que la extensión en años de vida pueda ser saludable, autónoma y productiva. En este contexto, la aplicación de vacunas mejoradas contra la influenza a personas mayores o con factores de riesgo mostró ser altamente costo-efectiva y tener mayor impacto sanitario al reducir de manera sustancial la carga de enfermedad, hospitalizaciones y mortalidad, con mínimo impacto presupuestario”, detalla el consenso que destaca además el hecho de que Latinoamérica cuenta con el Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que contribuye a la sostenibilidad de los programas nacionales de inmunización y facilita el acceso equitativo a vacunas, entre las que se encuentran las vacunas antigripales que incluyen las adyuvantadas.