Rosalía vuelve a quedar en el centro de la escena en Argentina. A pocos días de sus presentaciones en el Movistar Arena de Buenos Aires, un nuevo foco de polémica se instaló luego de que trascendiera el protocolo de ingreso dispuesto para los conciertos, que incluye restricciones sobre distintos elementos que podrán llevar los asistentes.
Entre las disposiciones que más repercusión generaron figura la imposibilidad de ingresar con banderas de países y camisetas de selecciones nacionales o clubes de fútbol, una medida que rápidamente despertó comentarios en redes sociales y reavivó el debate que la artista mantiene con parte del público argentino desde el Mundial 2026.
La decisión llega después del episodio que protagonizó la cantante tras la final de la Copa del Mundo, cuando una publicación en sus redes sociales fue interpretada por numerosos usuarios como una falta de respeto hacia la Argentina. La repercusión negativa llevó a Rosalía a eliminar el contenido y publicar un mensaje de disculpas, aunque para muchos seguidores el gesto no alcanzó para cerrar la controversia.
En las últimas semanas, incluso periodistas y figuras vinculadas al espectáculo opinaron sobre el tema. Entre ellas estuvo la española Lola Cordero, radicada en Buenos Aires, quien consideró que el pedido de disculpas fue insuficiente y cuestionó la forma elegida por la artista para intentar bajar la tensión con el público argentino.
El reglamento difundido para los recitales también establece que no podrán ingresar bebidas, alimentos, mates, paraguas, cochecitos, computadoras, tablets, equipos fotográficos o de video profesionales, mochilas de gran tamaño, palos para banderas o selfies, además de los habituales objetos considerados peligrosos o prohibidos por cuestiones de seguridad.
Mientras tanto, la expectativa por los conciertos continúa siendo alta y miles de fanáticos ya cuentan las horas para verla nuevamente sobre un escenario argentino. Sin embargo, las nuevas restricciones volvieron a instalar el debate en redes sociales y alimentaron una polémica que parece no encontrar un punto final.