La sífilis es una enfermedad que se convirtió nuevamente en un desafío para la salud pública. En Argentina, los diagnósticos aumentan de manera sostenida desde hace varios años y la mayor concentración de casos se registra entre adolescentes y adultos jóvenes.
Según el Boletín Epidemiológico Nacional, en 2025 se alcanzó el valor más alto registrado hasta el momento, con un total de 46.779 casos notificados, siendo la provincia de Buenos Aires la que encabeza la lista (11.645 casos), seguida de Córdoba (8.769 casos) y Santa Fe (5.353 casos). Este número representa un aumento del 75,6 % respecto de 2022 y confirma la consolidación de una tendencia en ascenso.
Las cifras más recientes muestran que cerca del 76 % de los casos confirmados corresponden a personas de entre 15 y 39 años, con un pico en el grupo de 20 a 24 años.
Para los especialistas, el fenómeno responde a una combinación de factores: una menor utilización del preservativo, cambios en las estrategias de prevención de otras infecciones de transmisión sexual, una baja percepción del riesgo y una mayor capacidad del sistema de salud para detectar los casos.
“La sífilis viene subiendo en forma progresiva desde hace varios años. Hay múltiples motivos que lo explican: la falta de uso de métodos de barrera como el preservativo, la utilización de otras estrategias para prevenir el VIH, como la profilaxis preexposición (PrEP), la falta de información y el hecho de que muchas personas no reciben diagnóstico ni tratamiento, por lo que continúan transmitiendo la infección”, explica Vanesa Fridman, médica infectóloga del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires.
La especialista agrega que el incremento responde tanto a una mayor circulación de la enfermedad como a una mejora en el diagnóstico. “Son ambas cosas. Hoy detectamos más casos, pero también existe una circulación más importante de la infección”, señala.
1994-2006: aumento progresivo en el número de casos reportados, aunque los valores no superaban los 10.000 anuales.
2007-2010: descenso sostenido, alcanzando en 2010 uno de los valores más bajos de la serie.
2011: se constata una tendencia creciente que se acelera de forma marcada a partir de 2015.
2019: se notificaron 25.225 casos, valor que representa casi tres veces las notificaciones del año
2015: (9.128 casos), reflejando una intensificación sostenida del patrón ascendente.
2020-2021: en coincidencia con la pandemia por COVID-19, se verifica una disminución significativa en la cantidad de notificaciones, atribuible al impacto de la emergencia sanitaria sobre la demanda espontánea, la capacidad diagnóstica y el funcionamiento habitual de los servicios de salud. No obstante, incluso en ese contexto, los casos notificados se mantuvieron por encima de los valores registrados en la década previa a 2015.
A partir de 2022 se retoma la tendencia ascendente con una marcada aceleración sostenida hasta el 2025, superando los casos del 2022 en un 76 por ciento.
2023: se superaron los 30.000 casos anuales por primera vez desde el inicio de la serie
2025: se alcanzó el valor más alto registrado hasta el momento, con un total de 46.779 casos notificados a nivel nacional. Este número representa un aumento del 75,6% respecto de 2022 y confirma la consolidación de una tendencia en ascenso.
La sífilis es una infección de transmisión sexual (ITS) causada por la bacteria Treponema pallidum. Se transmite principalmente por contacto directo con lesiones infecciosas durante relaciones sexuales sin protección y, en menor medida, por vía transplacentaria o transfusión sanguínea.
También puede transmitirse durante el embarazo de la persona gestante al bebé cuando la infección no es diagnosticada y tratada oportunamente, situación que puede derivar en sífilis congénita.
Aunque suele asociarse exclusivamente a las relaciones sexuales, la enfermedad puede permanecer durante mucho tiempo sin generar síntomas evidentes, lo que favorece su propagación.
Uno de los principales problemas es que la infección puede pasar inadvertida. En este sentido, Fridman explica que el primer estadio suele manifestarse con “una lesión tipo úlcera en el sitio de contacto que desaparece espontáneamente aunque la persona no reciba tratamiento”.
Esa lesión, además de no generar dolor en muchos casos, puede ubicarse en zonas que la persona no observa fácilmente, como los genitales internos, el ano o la boca. “Muchas personas ni siquiera advierten que estuvieron infectadas porque esa lesión desaparece sola. Sin embargo, la enfermedad continúa evolucionando”, advierte.
En una segunda etapa aparecen lesiones en la piel y en la boca que también desaparecen espontáneamente sin tratamiento, pero siguen siendo altamente contagiosas.
Aunque los síntomas desaparezcan, la bacteria permanece en el organismo. “Si no se diagnostica y trata, años después pueden aparecer complicaciones severas con compromiso cardíaco o del sistema nervioso”, explica la especialista.
Por ese motivo, insiste en que el tratamiento debe realizarse incluso cuando la persona ya no presenta síntomas. “La enfermedad tiene cura. Lo importante es encontrarla a tiempo y tratarla correctamente”, resume.
Los especialistas observan que el crecimiento se concentra especialmente entre personas de 15 a 39 años. Según Fridman, este grupo presenta con mayor frecuencia conductas que incrementan el riesgo de transmisión.
“Es donde más vemos la falta de uso del preservativo y también el uso de estrategias como la PrEP para prevenir el VIH, que protege frente a esa infección, pero no evita el contagio de otras infecciones de transmisión sexual como la sífilis”, explica.
La infectóloga remarca que la expansión no es un fenómeno exclusivamente argentino. “El aumento ocurre prácticamente en todo el mundo y responde a cambios similares en los hábitos sexuales y en las estrategias de prevención”, sostiene.
La detección precoz continúa siendo una de las herramientas más efectivas para controlar la enfermedad. “Una prueba rápida negativa permite descartar la enfermedad. Si el resultado es positivo, requiere estudios confirmatorios, pero permite identificar en apenas 15 minutos qué personas necesitan continuar la evaluación y comenzar el tratamiento”, destaca Fridman.
Además, recuerda que cualquier persona que haya mantenido relaciones sexuales con alguien diagnosticado con sífilis debe concurrir a un centro de salud para realizarse los estudios correspondientes.
Sí. Una de las falsas creencias más frecuentes es pensar que haber recibido tratamiento protege frente a futuras infecciones. “La sífilis se cura, pero no deja inmunidad permanente. Una persona puede volver a contraerla cada vez que se exponga nuevamente a la bacteria”, aclara Fridman.
Para la especialista del Hospital de Clínicas de la UBA, la educación y el acceso a información confiable continúan siendo unas de las principales estrategias clave para reducir los contagios.

“La información sobre las formas de prevención, diagnóstico y tratamiento debe llegar desde todos los ámbitos: el sistema de salud, las escuelas, los medios de comunicación y los distintos espacios comunitarios. Cada uno puede contribuir desde su lugar”, afirma.
En ese sentido, destaca que la Educación Sexual Integral (ESI) cumple un papel central al brindar herramientas para reconocer situaciones de riesgo, promover el uso del preservativo y favorecer la consulta temprana.
Fridman resume la prevención en tres acciones fundamentales:
Además, recomienda incorporar los estudios para infecciones de transmisión sexual —como VIH, hepatitis B, hepatitis C y sífilis— dentro de los controles médicos periódicos.
“Es importante que las personas incluyan estos análisis en sus controles anuales de laboratorio. Detectar la infección de manera temprana permite tratarla, evitar complicaciones y cortar la transmisión”, concluye la médica.