Mucho antes de que los crímenes del terrorismo de Estado pudieran ser nombrados con la precisión que hoy conocemos, Luisa Valenzuela escribió una serie de relatos que se internan en el miedo, el control, la violencia y la desaparición desde una perspectiva literaria de extraordinaria potencia. Lo hizo mientras el horror estaba ocurriendo.
Cambio de armas es una de las obras fundamentales de la literatura argentina contemporánea y un testimonio excepcional por su lucidez, su audacia y su ambición estética, así como otros cuentos que mantienen una vigencia inquietante.
En sus cuentos, el terror también se inscribe sobre el cuerpo de las mujeres, que encuentra un lenguaje propio para narrar la violencia y la opresión desde la experiencia íntima. Esa mirada, profundamente literaria y política a la vez, convierte a Cambio de armas y otros cuentos políticos en una obra que continúa interpelando a nuevas generaciones de lectores.
Cinco décadas después del golpe de Estado, y en un contexto en el que resurgen discursos que relativizan o reivindican algunos de los episodios más oscuros de nuestra historia, la recuperación de este clásico adquiere una renovada relevancia.
A 50 años del inicio de la última dictadura argentina, Marea recupera uno de los libros más importantes de Luisa Valenzuela: 𝐶𝑎𝑚𝑏𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝑎𝑟𝑚𝑎𝑠. Una colección de relatos que no solo narró el horror, sino que se atrevió a hacerlo mientras el horror estaba ocurriendo. pic.twitter.com/5qbQ1U6UM1
— Marea Editorial (@mareaeditorial) August 21, 2026
La publicación de esta obra se enmarca en la Biblioteca Luisa Valenzuela, un proyecto de recuperación que Marea encara junto a las editoriales interZona y Factotum, con el fin de reunir y difundir la obra de esta autora central, y que incluye ensayos y obras de ficción.
Luisa Valenzuela en su tarea literaria lleva publicados casi cuarenta libros entre novelas, ensayos, volúmenes de cuentos y de microrrelatos por los cuales ha recibido numerosas distinciones, como la Medalla Machado de Asis de la Academia Brasilera de Letras, la beca Guggenheim, el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2017) y el Premio Carlos Fuentes (2019).
Su vida periodística también ha sido igualmente productiva. Comenzó de muy joven escribiendo notas para las revistas Atlántida y El Hogar. En Francia, entre 1958 y 1961, fue corresponsal ocasional del diario El Mundo y del Suplemento Gráfico de La Nación.
Fue la primera periodista nombrada redactora en dicho diario, con cuya Revista La Nación siguió colaborando por años. La lista de medios en los que publicó es extensa y abarca desde Tía Vicenta o Autoclub hasta el New York Times y el Village Voice, pasando por Crisis, La Opinión y Página/12.
A principios de los años 70 fue redactora estrella de la revista Gente y, luego, fue columnista de El Cronista Cultural, La Nación Revista, y diario Perfil. Tras un largo intervalo, en 2020 retomó el periodismo en las columnas de El Cohete a la Luna.