En una ceremonia cargada de emoción, la comunidad universitaria de La Plata homenajeó a las y los militantes estudiantiles víctimas del terrorismo de Estado desplegado en la denominada Noche de los Lápices. Aquel oscuro episodio de la historia del país tuvo lugar hace 50 años, durante el mes de septiembre en la ciudad de La Plata. Cinco décadas después, el histórico patio del Rectorado de la UNLP se colmó de luz para rendir tributo a aquellos jóvenes que dieron su vida y sus sueños por una Argentina más justa e igualitaria.
El presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Fernando Tauber, encabezó el acto formal de entrega del título de Doctor/a Honoris Causa a: Emilce Moler, Gustavo Calotti y Pablo Díaz, sobrevivientes de “La Noche de los Lápices”; y a familiares de Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio De Acha, Horacio Ungaro, Daniel Alberto Racero, Víctor Treviño, y María Clara Ciocchini; todos ellos estudiantes detenidos-desaparecidos.
Estuvo acompañado por la secretaria de derechos Humanos y Políticas de Igualdad, Verónica Cruz. Además, participaron las máximas autoridades de los establecimientos de enseñanza de pregrado de la UNLP: el Bachillerato de Bellas Artes “Prof. Francisco A. De Santo”; el Colegio Nacional “Rafael Hernández”; el Liceo Víctor Mercante; la Escuela de Agricultura y Ganadería “María Cruz y Manuel L. Inchausti”; y la Escuela Graduada “Joaquín V. González.
Durante la ceremonia, frente a un auditorio colmado, Tauber reconoció que “se siente una gran emoción cada vez que nos juntamos a recordar a nuestros chicos que ya no están, porque no es simplemente recordar, es un momento en el que reafirmamos nuestras convicciones de memoria, verdad y justicia”.
“La Universidad de La Plata padeció especialmente aquella etapa oscura de nuestro país, por eso este homenaje tiene un sentido tan particular para nuestra comunidad”, agregó.
Asimismo, puso de relieve que “el boleto fue un símbolo de la lucha de los más jóvenes por los derechos en tiempos de dictadura, y hoy más que nunca tenemos que tener presente que aquellos chicos dejaron su vida para sentar las bases de esta democracia que hoy podemos disfrutar”.

“A 50 años de la Noche de los Lápices, hoy estamos celebrando los 10 años de vigencia de la ley del boleto educativo gratuito, que fue una conquista conjunta en la que nos unimos al movimiento estudiantil para hacerla realidad. De ese modo también rendimos tributo”, acotó.
Para finalizar, Tauber destacó que “la entrega de estos Honoris Causa constituye también un reconocimiento a quienes, desde sus distintas trayectorias, representaron la militancia estudiantil secundaria de los años setenta y las luchas por los derechos estudiantiles y la educación pública. Hoy, más allá de encontrarnos frente a un gobierno que no asume a la Universidad pública como una prioridad, recogemos ese legado y seguimos trabajando con esfuerzo para sostenerla; y estamos ganando la batalla”.
A su turno, Verónica Cruz expresó que “nos honra compartir este acto de memoria colectiva junto a representantes de tantas agrupaciones. Esta fecha emblemática nos convoca, nos interpela y nos compromete a mantener viva la memoria, pero también a continuar luchando en defensa de los derechos conquistados y de aquellos que todavía tenemos por delante”.
Entre los fundamentos de la Resolución 1031/2026 que establece la distinción del Doctorado honoris Causa a las víctimas y sobrevivientes de la Noche de los Lápices, se destaca: “Que esta Universidad sostiene un compromiso con la defensa de los derechos humanos y con los procesos de Memoria, Verdad, Justicia y Reparación”.

El texto señala además que “a 43 años de democracia y a 50 años del suceso denominado “Noche de los Lápices”, concretar la entrega de la distinción es un justo homenaje a la militancia estudiantil secundaria y a las luchas ligadas a la defensa de la educación pública y a la construcción de una sociedad más justa”.
También fundamenta que “la militancia estudiantil secundaria de los años ’70 constituyó una experiencia de politización que atravesó la vida cotidiana escolar en todas sus dimensiones (…) que hicieron de la escuela secundaria un espacio de participación, pensamiento crítico y transformación social”.
Asimismo, se destaca que “que, como consecuencia de la política de terror, se interrumpieron también las trayectorias vitales y académicas de numerosos estudiantes secundarios que debieron abandonar sus estudios, exiliarse o insiliarse, o vieron de otro modo truncados sus proyectos de vida, en un contexto en el que el miedo, la vigilancia y la persecución atravesaron la totalidad de la experiencia escolar»
La resolución valora además que “que los testimonios de quienes sobrevivieron resultaron fundamentales para la construcción de esa memoria y para el proceso de verdad y justicia que, con avances y retrocesos, continúa hasta la fecha dando cuenta tanto de la dimensión y los efectos del genocidio como de las luchas del movimiento estudiantil, contribuyendo, de este modo, a fortalecer la organización estudiantil en el presente”.
Luego del acto, la jornada continuó con el concierto “Y seguí cantando”, una propuesta que reunió por primera vez en la historia a los cinco elencos musicales de la UNLP, que se presentaron juntos en un mismo escenario. Se trata de una propuesta ideada por las Secretarías de Arte y Cultura, y de Derechos Humanos y Políticas de Igualdad.
Por primera vez los cinco elencos musicales de la UNLP, Cuarteto de Cuerdas, Quinteto de Vientos, Coro Universitario, Coro Juvenil y Coro de Cámara, se presentaron juntos en el primero de un ciclo de conciertos para conmemorar, a través de la música, los 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, contribuyendo así a la siembra permanente de la memoria, la verdad y la justicia.
El Golpe inició una de las etapas más oscuras del país: 30.000 personas detenidas y desaparecidas, miles exiliadas, pobreza y desocupación. La cultura en general, y la música en particular, se vieron profundamente afectadas por la censura, las prohibiciones y las desapariciones de artistas y sus obras. Por ellos y ellas la UNLP organiza estos conciertos, integrados por producciones musicales de aquella época y actuales, que dan testimonio de la época.
“Y seguí cantando…” refiere a la entrañable canción de María Elena Walsh, que ya es patrimonio cultural de nuestra Patria. También es un imperativo para seguir cantando como una forma de mantener siempre vigente, desde el arte, la memoria de lo que hemos vivido; para que no ocurra Nunca Más, y continuar la lucha por la verdad y la justicia como faro que nos guíe hacia el futuro.

El Cuarteto de Cuerdas de la UNLP está integrado por Nicolás Favero Urbiztondo, primer violín; Marcos Favero Urbiztondo, segundo violín; Diana Gasparini, viola; y Siro Bellisomi, violoncello. Al Quinteto de Vientos lo componen Marcelo Mancuso, flauta; Cristian Cocchiararo, oboe; Rubén Molinari, clarinete; Luis Ariel Martino, corno; y Eduardo Rodríguez, fagot.
El Coro Universitario es dirigido por Emiliano Linares; el Coro Juvenil, por Fernando Tomé; y el Coro de Cámara, por Constanza Piqué Bazzano.