La salud mental no se limita a la ausencia de enfermedades o diagnósticos. También implica reconocer lo que sentimos, aprender a transitar las dificultades y entender que no siempre podemos resolver todo por nuestra cuenta. Esa es una de las ideas centrales que plantea la psicóloga María Florencia Coronel (MN 71520), en diálogo con ANDigital.
Actualmente, la profesional brinda atención clínica de manera virtual y presencial a personas de distintas partes del mundo. Además, se desempeña en la coordinación general de SAIE y dicta clases en una plataforma virtual.
Desde su experiencia, Coronel sostiene que cuidar la salud mental también significa aceptar nuestra propia humanidad: entender que podemos sentir miedo, angustia, incertidumbre o frustración sin que eso nos haga menos capaces o valiosos.
“No se trata de estar bien todo el tiempo, sino de poder reconocer cómo estamos y encontrar maneras saludables de transitar lo que nos sucede”, explica.
En su trabajo cotidiano, la psicóloga acompaña a personas con experiencias y realidades muy diferentes. Esa tarea, tanto desde la atención clínica como desde la coordinación de un equipo interdisciplinario, refuerza una idea: no se puede comprender a alguien únicamente por lo que muestra o por una conducta puntual.
“Detrás de cada conducta hay una historia, detrás de cada dificultad hay un contexto y detrás de cada persona hay mucho más de lo que podemos observar a simple vista”, remarca.
En una sociedad acostumbrada a buscar respuestas rápidas y soluciones inmediatas, Coronel advierte que los procesos personales necesitan tiempo. A veces, avanzar es poder hablar de algo que permaneció en silencio durante años; otras veces, significa aprender a poner límites, revisar vínculos o reconocer una necesidad.
Por eso, considera que acompañar a alguien no significa tener todas las respuestas. También requiere reconocer los propios límites, revisar las prácticas profesionales y comprender cuándo es necesario trabajar junto a otros.
Uno de los puntos que destaca la profesional es que quienes trabajan en salud mental no están exentos de atravesar momentos difíciles.
“Ser psicóloga no me vuelve inmune al sufrimiento ni me garantiza saber resolver todo lo que me pasa”, señala.
En ese sentido, reconoce que escuchar a otras personas no siempre implica poder identificar con la misma facilidad las propias necesidades. Incluso quienes conocen la importancia del descanso, los límites y el autocuidado pueden tener dificultades para ponerlos en práctica.
Por eso, considera fundamental aplicar en la vida personal aquello que se promueve desde la profesión: la escucha, la empatía, el respeto por los tiempos y la posibilidad de pedir ayuda cuando hace falta.
Para Coronel, no existe una única respuesta y tampoco es necesario esperar a llegar al límite para consultar. Muchas veces, las personas postergan la búsqueda de acompañamiento porque creen que deberían poder resolver sus problemas solas, minimizan lo que sienten o temen ser juzgadas.
Sin embargo, pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es reconocer que no todas las situaciones pueden resolverse individualmente y que contar con apoyo puede ser parte del camino para atravesarlas.
La necesidad de consultar puede aparecer cuando la angustia persiste, se pierde el interés por actividades que antes generaban disfrute, se altera el sueño o el apetito, o resulta cada vez más difícil sostener las tareas cotidianas.
Pero también puede ocurrir que no haya un síntoma puntual ni una situación concreta que explique el malestar. “Simplemente sentimos que algo no está bien. Eso también merece ser escuchado”, plantea.
El primer paso puede ser hablar con alguien de confianza o solicitar una consulta profesional. No hace falta llegar con las ideas ordenadas ni saber explicar exactamente qué sucede: parte del proceso consiste en encontrar las palabras para comprender lo que estamos viviendo.
La psicóloga también advierte que la salud mental está atravesada por factores que van más allá de las decisiones individuales. Las condiciones de vida, las dificultades económicas, las exigencias laborales, los vínculos y las redes de apoyo influyen en el bienestar.
Por eso, además de fomentar el autocuidado, considera necesario construir espacios donde las personas puedan hablar de sus problemas sin vergüenza, acceder a tratamientos adecuados y recibir acompañamiento a tiempo.
En esa línea, propone dejar de pensar la salud mental únicamente desde las crisis y entenderla también como una práctica cotidiana. Reconocer las emociones, descansar, establecer límites, sostener espacios de disfrute y pedir ayuda cuando aparece el malestar son parte de ese proceso.
Al reflexionar sobre el mensaje que busca transmitir, Coronel vuelve sobre una exigencia frecuente: la idea de que siempre hay que mostrarse fuerte y encontrar una solución por cuenta propia.
“No tenemos que demostrar fortaleza todo el tiempo. No necesitamos poder con todo ni encontrar solos la salida a cada dificultad”, expresa.
Para la profesional, hay momentos en los que podemos sostener a otras personas y otros en los que necesitamos recibir ese mismo acompañamiento. Reconocerlo no significa fracasar, sino aceptar que también tenemos necesidades y límites.
“Para mí, la salud mental empieza, en parte, cuando dejamos de exigirnos estar bien para empezar a preguntarnos honestamente cómo estamos”, concluye.
Escuchar esa respuesta, reconocer qué necesitamos y buscar los recursos adecuados puede ser el comienzo de un cambio. Porque, como plantea Coronel, pedir ayuda muchas veces es el primer paso para volver a encontrarnos con nosotros mismos.