El sábado 17 de octubre a las 19.30 horas tendrá lugar, en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, el estreno de Oxitocina (Inés y los perros), escrita y dirigida por Dennis Smith. Se trata del primer unipersonal de Florencia Raggi, una comedia incómoda y mordaz sobre la maternidad contemporánea, los mandatos del instinto y la impredecible química del amor.
El diseño de escenografía es de Julia Freid y Florencia Tutusaus, el diseño de vestuario de Pablo Ramírez, el diseño de iluminación de Adrián Grimozzi, la música original de Dennis Smith, la supervisión de movimiento de Laura Waisman, la colaboración artística de Javier Furgang y la asistencia de vestuario de Sofía Davies.
Las funciones tendrán lugar, hasta el domingo 1° de noviembre, de jueves a domingos a las 19.30 horas en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, con entradas a la venta vía web y en la boletería de Avenida Corrientes 1530 (Platea $ 26.000 - jueves $ 15.000).
Cuando su hija de tres años desaparece, Inés toma una decisión insólita: en vez de sumarse a la búsqueda, vuelve a su casa, se acuesta a dormir la siesta y se concentra en atender a sus perros. Oxitocina (Inés y los perros) es una obra que indaga con cruda agudeza en lo que la sociedad espera de una madre, y el estallido que se produce cuando esas expectativas se rompen.
Oxitocina dialoga de manera íntima y contemporánea con el universo asfixiante y moral de John Cheever y con el paradigmático estallido emancipatorio de Casa de muñecas de Henrik Ibsen.
“Para mí, Oxitocina es, sobre todo, la posibilidad de presenciar, desde una posición de privilegio, la explosión de un talento que viene madurando a lo largo de tres décadas de trabajo como actriz todo terreno: Florencia Raggi”, afirma Dennis Smith.
En igual tono, subraya que “es ver a una artesana entregarlo todo con una fe y una convicción que me conmueve y de la que pocas veces he tenido la oportunidad de ser testigo”.
“Es una obra incómoda, incomodísima. Nuestra protagonista es tan políticamente incorrecta como humana; se aleja por completo de la moraleja o del manual de buenas costumbres para habitar los grises, el instinto y la contradicción”, prosigue el dramatugo.

Y recalca: “Desde la escritura y la dirección, esto me invita a abrir el corazón y la mente, a empatizar y a tender puentes con alguien objetable. Por lo general, todos queremos ser queridos, pero la función del teatro no es agradar, sino conmover, dejarnos incómodos y ayudarnos a expandir nuestros horizontes frente a lo que preferiríamos no ver. Los invito a meterse en este remolino de desquicio y honestidad. No es políticamente correcto. Es todo lo contrario”.