Pasamos buena parte de nuestra jornada frente a una computadora, repitiendo durante horas movimientos con la cabeza, manos, muñecas, brazos y hombros. Frente a esta realidad, los productos ergonómicos ganaron espacio en los escritorios, pero queda una pregunta: ¿realmente hacen la diferencia?
Cada octubre, el Mes de la Ergonomía invita a poner el foco en cómo interactuamos con nuestro entorno de trabajo y en la importancia de incorporar hábitos y herramientas que favorezcan el bienestar durante las largas jornadas. Más que una fecha para recordar la importancia de una buena postura, es una oportunidad para revisar los espacios y las tecnologías que utilizamos todos los días.
La respuesta no está solamente en la forma de un mouse o un teclado. Para determinar si un diseño puede contribuir a una postura más natural y reducir el esfuerzo físico, es necesario estudiar cómo interactúa el cuerpo con la tecnología. Ese es precisamente el trabajo que una firma líder lleva adelante en Logi Ergo Lab, su laboratorio de diseño, desarrollo e innovación especializado en ergonomía, ubicado en Suiza.
El proceso comienza mucho antes de fabricar un producto. Los especialistas estudian cómo el cuerpo humano se ve afectado por el trabajo frente a una computadora y analizan diferentes características físicas para desarrollar soluciones centradas en las personas.
A partir de ese conocimiento comienza el trabajo de diseño. Para cada producto de la Serie ERGO se crean decenas de prototipos , mientras que los mouse son inicialmente modelados a mano para explorar diferentes formas, geometrías y superficies que favorezcan una interacción más natural.
Pero diseñar un producto que se sienta cómodo no es suficiente. El siguiente paso es comprobar qué sucede realmente con el cuerpo durante su utilización.
En el laboratorio, se utilizan sensores de presión, postura y esfuerzo muscular para analizar cómo distintas personas interactúan con los prototipos. Entre las pruebas realizadas se encuentra la medición de la contracción de los seis músculos que más se activan al utilizar un mouse o escribir en un teclado, además del análisis de la posición relativa de distintas partes del cuerpo mediante sensores ubicados en puntos clave del cuello, los brazos y las manos.

Los datos obtenidos vuelven al equipo de diseño para continuar ajustando los productos. De esta manera, el desarrollo se convierte en un proceso de investigación profundo: aprender, diseñar, medir, analizar y volver a diseñar.
Y existe otro desafío: mejorar la ergonomía sin perjudicar el rendimiento. Por eso, una de las etapas del proceso consiste en comprobar que los cambios realizados para favorecer el bienestar no afecten la precisión, la velocidad o la experiencia de uso.
El objetivo de un diseño ergonómico es favorecer una posición más natural del cuerpo durante el uso prolongado. En el caso de mouse y teclados, esto implica buscar que las muñecas permanezcan lo más rectas y más relajadas posible y reducir posiciones que puedan generar tensión innecesaria.
En los productos, esto se traduce en diferentes soluciones de diseño. Los mouse verticales, por ejemplo, buscan favorecer una posición más natural de la mano, al ser diseñados con una inclinación en su ángulo vertical de 57 grados. Mientras que los teclados ergonómicos incorporan características como diseños curvos, separación de las teclas y reposamuñecas para acompañar una postura más natural durante la escritura.
Sin embargo, un periférico ergonómico es solo una parte de un espacio de trabajo saludable. La posición del monitor, la altura del escritorio y la silla, la distancia de los elementos y la incorporación de pausas durante la jornada también forman parte de una configuración adecuada.
Por eso, durante el Mes de la Ergonomía, la invitación a revisar el espacio de trabajo y prestar atención a pequeños cambios que pueden mejorar la experiencia cotidiana:
La pregunta no es solamente si un mouse o un teclado tiene un diseño diferente. La verdadera cuestión es qué sucede cuando ese diseño se pone a prueba.