El exministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, recibió el Premio Consensus durante la jornada “¿Alcanza con ponerse de acuerdo? Decidir con legitimidad y transparencia en tiempos de la inteligencia artificial”, organizada por el Centro Consensus y el Centro de Gobernabilidad y Transparencia de IAE Business School, marco que aprovechó para realizar una fuerte autocrítica a la gestión política de la que fue parte.
El encuentro se realizó este marters en Workplace by IRSA y en conversación con Juan Uribe, graduado del IAE e integrante del directorio del Centro Consensus, el exsenador compartió reflexiones sobre su experiencia política, la construcción de consensos, el liderazgo y su vida con esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
Bullrich cuestionó una cultura política que premia la confrontación y considera una debilidad reconocer los argumentos del adversario. En ese contexto, hizo una autocrítica sobre su paso por el gobierno nacional:
“Cuando llegamos al Gobierno nacional en 2015, no construimos los acuerdos políticos suficientemente amplios que necesitábamos, y después de la victoria electoral de 2017 desperdiciamos otra oportunidad. Confundimos una mayoría electoral circunstancial con la posibilidad de impulsar transformaciones duraderas sin consensos más profundos. Esa experiencia me dejó una enseñanza: ganar una elección permite gobernar, pero construir acuerdos permite transformar un país”, analizó.
Para Bullrich, la democracia necesita una nueva cultura del diálogo que permita administrar las diferencias sin eliminar el conflicto político ni renunciar a las convicciones. Propuso generar espacios institucionales donde oficialismo y oposición trabajen sobre objetivos compartidos, especialmente en educación, desarrollo productivo y lucha contra la pobreza, con metas concretas, plazos definidos y mecanismos públicos de seguimiento.
Al reflexionar sobre la integridad y la legitimidad política, Bullrich destacó que negociar implica realizar concesiones, pero no abandonar los principios fundamentales. Recordó su experiencia como ministro de Educación y las negociaciones con sindicatos, gobernadores y distintos sectores, en las que aprendió a modificar propuestas sin perder de vista el objetivo de mejorar la educación.
“Una elección otorga legitimidad de origen, pero el ejercicio del gobierno requiere construir permanentemente legitimidad a través de los resultados, la transparencia y el respeto por las instituciones. Ningún triunfo electoral debería interpretarse como una autorización para hacer cualquier cosa”, enfatizó.
El exsenador también reconoció errores de gestión vinculados con el exceso de confianza, la falta de escucha y la creencia de que las buenas intenciones eran suficientes. En ese sentido, reivindicó la coherencia, la responsabilidad por las decisiones y la capacidad de corregir errores como condiciones para recuperar la confianza pública.
Durante la conversación, Bullrich distinguió entre ocupar un cargo público y tener verdadera vocación de servicio. Inspirado en las enseñanzas de Jesús y en su experiencia con docentes que trabajaban en condiciones difíciles, destacó que el liderazgo no depende de una posición jerárquica, sino del impacto positivo que puede generar en los demás. “El poder no es un privilegio que recibimos para satisfacer nuestras ambiciones; es una responsabilidad que asumimos para mejorar la vida de los demás”, acotó.
También planteó la necesidad de formar dirigentes comprometidos con el bien común, recuperar el papel de los partidos políticos en esa formación y promover una mayor responsabilidad de los empresarios con sus comunidades.
En esa línea, propuso un acuerdo nacional de diez años por la educación, con participación de gobiernos, familias, docentes, empresas y organizaciones sociales, que establezca metas verificables, responsabilidades claras y continuidad más allá de los cambios de gobierno.
En uno de los momentos más personales de su intervención, Bullrich se refirió a su libro Liderazgo espiritual y a la crisis de liderazgo que, según su mirada, atraviesa la sociedad. Señaló que, pese a contar con más tecnología e información, existen crecientes dificultades para escucharse y construir un rumbo compartido.
Les comparto la presentación de mi nuevo Libro “Liderazgo Espiritual, mi legado político”. https://t.co/eyzYJEpldO
— Esteban Bullrich (@estebanbullrich) September 15, 2026
A partir de las enseñanzas de figuras como Belgrano, Lincoln, Churchill, Gandhi, Mandela, la Madre Teresa y el Papa Francisco, reivindicó un liderazgo basado en la humildad, el coraje, la verdad, el perdón y la capacidad de trascender el interés propio. También destacó el papel de su fe y de las enseñanzas de Jesús en su manera de comprender el servicio.
Al hablar de su enfermedad, explicó cómo su dependencia de familiares, enfermeros y personas cercanas transformó su comprensión del amor: después de una vida dedicada a hacer cosas por los demás, aprendió también el valor de dejarse ayudar.
“La ELA me quitó la voz, el movimiento y buena parte de mi independencia, pero no me quitó la capacidad de amar, de pensar, de soñar ni de seguir trabajando por aquello en lo que creo. Y tampoco me quitó la fe. No quiero romantizar el sufrimiento. Esta enfermedad es una mierda y hay días muy difíciles, pero en medio de esa dificultad sigo descubriendo pequeños milagros cotidianos: una mirada, una sonrisa, una caricia, un gesto de paciencia”, admitió.
Bullrich vinculó esa experiencia con su mirada sobre la Argentina, un país que describió como cansado y dividido, pero al que se negó a considerar condenado al enfrentamiento. Frente a la desesperanza y la nostalgia, dos riesgos que identifica en el epílogo de su libro, reivindicó la posibilidad de construir un futuro compartido.
En el cierre, recordó una oración de San Francisco de Asís que lo acompaña desde su infancia y que invita a llevar amor donde hay odio, perdón donde hay ofensa y esperanza donde hay desesperación. Agradeció el reconocimiento recibido y reafirmó su compromiso de seguir promoviendo el encuentro y defendiendo la dignidad humana.
“No puedo prometerles cuánto tiempo tengo, pero sí puedo prometerles que voy a intentar aprovecharlo hasta el último día, porque hay algo de lo que estoy profundamente convencido: la oscuridad no tiene la última palabra. La luz siempre encuentra por dónde entrar, y cuando el alma se enciende, la luz vuelve”, sentenció.

El Premio Consensus distingue anualmente a personalidades destacadas por su contribución al diálogo y la construcción de consensos. La jornada fue organizada por el Centro Consensus, especializado en negociación, y el Centro de Gobernabilidad y Transparencia del IAE Business School, dedicado a temas de compliance. Los paneles abordaron los desafíos de la inteligencia artificial en las organizaciones y la importancia de negociar con legitimidad, integridad y transparencia.