Camilo volvió a Buenos Aires y lo hizo a lo grande: con dos funciones el 25 y el 26 de octubre. Así, el seis veces ganador del Latin Grammy repitió el hito de 2025, cuando también agotó dos Movistar Arena, y confirmó a la capital argentina como una de las plazas más fuertes de su carrera.
El show arrancó con un telón que cayó para dejar al descubierto a Camilo, su banda y el arte de “Para Cuando Sean Mayores Tour”, una puesta que lleva al escenario el universo de su quinto álbum de estudio. Con “Cisne” como apertura y “El Árbol”, el single que presentó el disco, enseguida después, la noche dejó claro su tono: un cuento en vivo, fiel a lo que el propio Camilo definió como “un universo de puertas pequeñas a mundos inmensos”.
Desde ahí, ni el artista ni el público pararon de saltar, cantar y bailar. A lo largo de 22 canciones, Camilo atravesó los himnos que lo convirtieron en uno de los artistas latinos más escuchados (“Vida de rico”, “Millones”, “Por primera vez”, “Manos de tijera”, “Favorito”, “Tattoo”, “Bebé”, “Índigo”) con las canciones de su etapa más personal. El cierre llegó a pura fiesta, con “Chiquita” y “KESI”.

“Cada vez somos más conscientes del valor irreemplazable que tiene el tiempo. Que ustedes hayan decidido venir a pasar con nosotros un pedacito de su tiempo significa el mundo para nosotros”, reflexionó.
Y sentenció: “Gracias por venir, tribu. No saben lo felices, lo agradecidos que estamos. Tenemos el corazón rellenito, contentos de volver a tener la posibilidad de pisar este escenario sagrado, rodeado de gente que amo, familia y amigos, cantando para una tribu que amo, parce”.
Uno de los momentos más emotivos llegó con “For Eva” y “La Medalla”, cuando Evaluna Montaner subió al escenario para acompañarlo. Una escena que resumió el corazón del show: el amor, en todas sus formas, como hilo que atraviesa su obra, y la familia como punto de partida de un disco pensado para sus hijas, Índigo y Amaranto.
Ese mismo espíritu se replicó abajo del escenario. El Movistar Arena se llenó de familias, chicos y chicas que cantaron cada canción y convirtieron las dos noches en una verdadera fiesta. Una postal que confirma lo que La Tribu es en la Argentina: más que un fandom, un espacio de pertenencia que crece con cada visita.