Las elecciones de medio término de Estados Unidos cambiaron el mapa de la representación política del país, en lo que significa un fuerte revés para el presidente Donald Trump.
Los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado de Estados Unidos tras imponerse en distritos y estados clave, quitándole la mayoría en ambas cámaras a los republicanos del mandatario.
Por primera vez, una mujer negra y una mujer indígena fueron elegidas gobernadoras, mientras que el Senado sumará a una representante de un pueblo originario y al primer hombre abiertamente gay elegido para integrar esa cámara.
En la Cámara baja, la oposición logró avances en Iowa, Texas, Florida y Pensilvania, además de sumar bancas en Kentucky, Missouri, Nebraska, Ohio y Utah. En Iowa, donde toda la delegación era republicana, los demócratas consiguieron tres escaños.
Para cuando se proyectó que la Cámara de Representantes y el Senado quedaban en manos de los demócratas este martes, entre miembros de ambos partidos se formaba un consenso: los votantes habían rechazado la gestión del presidente Donald Trump, quien se enfrenta una realidad política radicalmente distinta durante el resto de su mandato.
“No lo veo como un golpe contra mí”, aclaró Trump en declaraciones a Fox News, para luego dar cuenta que “hemos tenido los mejores dos años en la historia de la presidencia en términos de la economía, en términos de todo lo que hemos hecho”.
Trump insistió en que los sorprendentes resultados en gran parte de Estados Unidos no se debieron principalmente a la guerra con Irán que inició hace ocho meses, pues evaluó que solo fue una “parte” del asunto, ni a los aranceles que elevaron los precios, ni a su obsesión con temas ajenos a las preocupaciones de los votantes.
“La culpa fue de los candidatos”, argumentó y planteó que los resultados fueron solo una “pequeña sorpresa”.
“Pensé que les iría mejor”, acotó el magnate y atribuyó las derrotas a un “clima en el ambiente”. Dijo en igual tono que “simplemente no inspiraron a la gente a salir a votar. Y yo no estaba en la boleta. Si yo hubiera estado en la boleta, habrían salido y habría arrasado”.
“No quiero culpar a nadie. Solo quiero decir que fue un período muy interesante. Lo observé con gran interés, aprendí de ello”, anexó y finalmente negó arrepentirse de la guerra: “No pienso en eso. Hice lo correcto. Lo volvería a hacer”.