En el marco del Día Mundial de la Diabetes, que se conmemora cada 14 de noviembre, una nueva investigación pone el foco en un tipo de diabetes del que se habla menos: la diabetes tipo 1. Según las proyecciones del Steno Diabetes Center de Odense, Dinamarca, la cantidad de personas que viven con diabetes tipo 1 en el mundo aumentará un 29 % en las próximas dos décadas.
El estudio estima que los casos pasarán de 9,4 millones en 2025 a 12,1 millones en 2049. Los nuevos diagnósticos anuales también crecerán un 14 %: de unos 530.000 en 2025 a más de 605.000 en 2049.
“La diabetes tipo 1 no se puede prevenir, pero sí se puede detectar a tiempo. Cuando el diagnóstico se demora, el cuadro puede avanzar hasta una cetoacidosis, una complicación grave que requiere internación. Por eso es tan importante que las familias conozcan los síntomas y consulten ante la primera sospecha”, señala la doctora Laura Caram, coordinadora de AMPE en Boreal Salud (MP 7569).
Uno de los datos más relevantes es la edad de diagnóstico: los menores de 20 años representaron el 42 % de los nuevos casos de diabetes tipo 1 estimados para 2025. Según los investigadores, las tasas más altas que se observan en países como Estados Unidos, Reino Unido y Australia estarían vinculadas a factores genéticos, desencadenantes ambientales y una mayor capacidad de detección.
A diferencia de la diabetes tipo 2, que está asociada a los hábitos de vida, la diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune: el sistema inmunológico ataca las células del páncreas que producen insulina. Las personas que la tienen necesitan insulina de por vida y un seguimiento médico constante para mantener la glucemia dentro de valores adecuados.
Los síntomas de la diabetes tipo 1 suelen aparecer de forma rápida, en pocas semanas. Entre los más frecuentes se encuentran la sed intensa, la necesidad de orinar con mucha frecuencia (incluso volver a mojar la cama en chicos que ya controlaban esfínteres), el hambre constante, la pérdida de peso sin causa aparente, el cansancio y la irritabilidad.
“Ante la presencia de estos síntomas, un análisis de glucemia permite confirmar o descartar el diagnóstico de manera rápida. Un diagnóstico temprano de la diabetes tipo 1 evita complicaciones y permite que el chico y su familia aprendan a convivir con la enfermedad desde el inicio”, explican desde Boreal Salud.
Con un tratamiento adecuado, educación diabetológica y acompañamiento profesional, las personas con diabetes tipo 1 pueden llevar una vida plena: estudiar, trabajar, hacer deporte y desarrollar sus actividades con normalidad. En esa línea, los autores del estudio subrayan la necesidad de seguir mejorando el acceso a la insulina y la calidad de la atención, especialmente en los países con menos recursos.

Aunque suele asociarse a la infancia, la diabetes tipo 1 también puede aparecer en la adultez: según las mismas proyecciones, el 58 % de los nuevos casos estimados para 2025 corresponde a personas de 20 años o más. Conocer la enfermedad y sus diferencias con la diabetes tipo 2 es el primer paso para que más personas, de cualquier edad, accedan a un diagnóstico a tiempo.