lunes 22 de junio de 2026 - Edición Nº4475

Política | 2 abr 2019

Opinión

El panelismo

Una triste mezcla de ignominias y zonceras. Producto de personas con estómagos llenos, lechos calientes y conciencias anestesiadas. La mayoría parece tener bien resueltas sus respectivas situaciones económicas personales. Entonces su condición de clase los transforma en redituables oficialistas. 


Por Adolfo R. Lupinucci (*)
Especial para ANDigital

 

Últimamente ha aparecido un nuevo género en los programas políticos de comunicación. El de los panelistas: Una especie de categoría menor y devaluada del periodismo.

El formato (simple y módico) consiste en un conductor, uno o varios invitados notorios y un conjunto (panel) de opinadores seriales y compulsivos. Éstos tratan (con total impunidad) cualquier tema de actualidad, por complejo que éste –a priori- pareciera ser.

Uno de los programas más representativos muestra el formato descripto. El panel está formado por diversas personas en las que fácilmente se advierten ciertas características comunes, como ser:

---) Una evidente muestra (y defensa) de la propia condición de clase.

---) Una evidente muestra de sus limitaciones (salvo honrosas excepciones).

---) Una evidente muestra de oportunismo y servilismo hacia el poder de turno.

El programa está dirigido –en forma altamente profesional- por un conductor que lo sabe llevar con reconocido oficio. Tras una aparente imparcialidad y neutralidad, no puede evitar que se noten algunas de sus preferencias y compromisos.

El panel está integrado –entre otros- por un mediocre relator deportivo, devenido en opinólogo y autodesignado como una especie de “fiscal de la patria”. Emprendedor de una heroica cruzada contra “la corrupción” ¡Obviamente la kirchnerista! (de la macrista jamás habla).

Una “economista” claramente al servicio de los intereses de los grupos económicos.

Una vistosa rubia que resguarda -con entusiasmo y vehemencia- su promisorio presente.

Un intelectual de sólida formación, pero con claros condicionamientos de clase.

Un militante honesto, que muestra los límites prácticos de su ideología.

Para completar, algunas periodistas de los medios hegemónicos.

Como diría don José González Castillo… ¡Mezcla rara de Museta y de Mimí!

La mayoría parece tener bien resueltas sus respectivas situaciones económicas personales. Entonces su condición de clase los transforma en redituables oficialistas. Infamia imperdonable que implica defender a los poderosos, estigmatizar a los débiles y justificar ese obsceno estado de desigualdad.

Han logrado conformar una fructífera quintita propia que les permite un buen pasar…

¡Y saben muy bien cómo regarla y cuidarla!

En el “rioba” hay dos cosas que no se perdonan. Ser “ortiba” y ser alcahuete de los poderosos. Como bien dice la letra de “As de cartón”.

“Vos cebabas el mate en una timba

que en la cueva tenía don Melitón

y fuiste mandadero e' los cafiolos

y venís áhura a contarla de gran señor”.

En cierta ocasión, un jefe de Gabinete dijo acertadamente: “No hay nada más estúpido que discutir la periferia de las cosas”. (¡Y –de paso- ocultar el quid de la cuestión!)

Y ambas cosas es lo que -con esmerada fruición- hacen diariamente estos panelistas.

Entonces priorizan la abstracta “educación” por sobre el concreto salario devaluado de los maestros. (¡Total ellos ganan bien!)

El sagrado derecho al tránsito por sobre las (no tan sagradas) necesidades de los manifestantes. Claro: ¡Ellos se mueven en autos de alta gama! ¿Cómo las necesidades de un excluido pueden perturbar esa sacrosanta comodidad?

El derecho al paro, pero con transporte funcionando que lo limite y “legitimice” (?).

En resumen una triste mezcla de ignominias y zonceras. Producto de personas con estómagos llenos, lechos calientes y conciencias anestesiadas.

Con actitudes que pasan mucho más cerca de los intereses mezquinos que de las ideologías. Actitudes casi rayanas con lo infame y lo miserable.

Su innata hipocresía les hace reclamar (a los docentes) “otros métodos” de protesta. Pero enmudecen ante la lógica repregunta: ¿Cuáles serían esos otros métodos?

Admiten que los jubilados merecen ganar más, pero… ¿De dónde sacamos la plata? Es el remanido argumento de la veterana “economista”.

Podría ser –digo yo, sin ser economista (¡Dios me libre y me guarde!)- de los 15 mil millones de dólares de la deuda privada estatizada en 1982 o de los 70 mil millones que debe el grupo Macri por el caso del Correo Argentino. Pero a nuestra inefable economista esa opción nunca se le ocurrió ¡No sea que los patrones se le enojen!

Seguramente ignoran la sentenciosa y premonitora frase de Evita: “Habrá patria para todos o no habrá patria para nadie”. Para cuando tomen conciencia de ello ya será -irremediablemente- demasiado tarde.
Convendría recordarles que a la política se accede por tres caminos:

---) Por la ideología (priman las ideas y una cosmovisión determinada)

---) Por intereses (priman los beneficios personales)

---) Por estupidez (priman los prejuicios de clase)

En ese tortuoso camino toda acción es válida y todo está permitido, menos el evitar las consecuencias de lo hecho.

Seguramente –tarde o temprano- todos deberemos rendir cuentas de lo actuado y afrontar nuestras propias consecuencias… ¡Y ellos también! Que así sea.

 

(*) Divulgador histórico ensenadense
[email protected]

Más Noticias