En la tarde de este martes 26 de mayo, coincidiendo con el Día Mundial de Drácula, la Avenida Corrientes de la Ciudad de Buenos Aires se vistió de gala para rendir homenaje a una de sus figuras más insignes: Pepe Cibrián Campoy.
El reconocimiento, que consistió en el descubrimiento de una estrella con su nombre en la vereda del Teatro Presidente Alvear (Avenida Corrientes 1659), destacó su inigualable trayectoria y su aporte fundamental al teatro musical argentino.

La elección de la fecha no fue azarosa: cada 26 de mayo el mundo celebra la publicación de la novela de Bram Stoker, obra que inspiró a Cibrián para crear, hace ya 35 años, el fenómeno Drácula, el musical, que ha cautivado a más de cuatro millones de espectadores.
Una celebración entre colegas y discípulos La ceremonia, que comenzó pasadas las 16:30 horas, reunió a una multitud que incluyó a autoridades, personalidades de la cultura, colegas y discípulos del artista. La emoción fue la gran protagonista de la tarde, especialmente cuando Cibrián, rodeado de integrantes de los elencos de las distintas versiones de su obra cumbre, descubrió la placa que ya forma parte de la galería de artistas de la emblemática avenida.
El punto más alto de la jornada fue la intervención artística inspirada en el próximo gran lanzamiento del director: Drácula II: Resurrección.
Los transeúntes y asistentes fueron sorprendidos por una performance coreográfica de bailarines en plena vereda, que culminó con una interpretación en vivo del dúo final a cargo de los protagonistas de esta nueva entrega, Antonela Cirillo (Mina) y Diego Duarte Conde (Wolf).
Esta presentación sirvió como el preámbulo perfecto para lo que será el estreno de Drácula II: Resurrección el próximo 12 de junio en el Hipódromo de San Isidro. Bajo la producción de Cibrián-Rodas, la obra se llevará a cabo en una carpa de última tecnología traída de México, diseñada para ofrecer una experiencia teatral inmersiva con 28 artistas en escena y más de 240 trajes de época.
Con esta estrella, la Ciudad de Buenos Aires sella el vínculo eterno entre Pepe Cibrián y la calle que lo vio revolucionar la escena nacional, recordándonos que, como bien dice el autor, “hay historias que no se abandonan, se guardan en la sangre”.