Un nuevo capítulo de cruces verbales se abrió entre el diputado nacional Máximo Kirchner y la senadora Patricia Bullrich. La controversia comenzó a partir de una entrevista en la que la dirigente descartó cualquier tipo de acercamiento con el referente de La Cámpora, aunque sorprendió al manifestar su disposición a reunirse con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.
En esa reaparición mediática, al ser consultada sobre qué dirigentes de la oposición consideraba "no conversables", la senadora apuntó de manera directa contra el legislador bonaerense: “No me tomaría un café con él porque lo veo cerrado. Es el guardián de una ideología fracasada y siento que no tendría puntos en común”. En contraste, sostuvo que con la exmandataria existían "más puntos en común que charlar", relativizando incluso el hecho de tener que desplazarse hasta su domicilio particular.
#Entrevista ☕🔥 Bullrich sorprendió: “Me tomaría un café con Cristina, pero no con Máximo”
— ANDigital (@ANDigitalOK) August 20, 2026
Patricia Bullrich dejó una serie de fuertes definiciones sobre el escenario político, su relación con el kirchnerismo, la interna de La Libertad Avanza y hasta sus propias aspiraciones… pic.twitter.com/uvBkOsnOdL
La respuesta del hijo de la expresidenta no tardó en llegar a través de una transmisión de streaming. Fiel a su estilo, apeló a la ironía desde el primer minuto para desestimar el planteo de la senadora: “A mí me gusta el té, no tomo café. Té amargo o mate, que es una costumbre que me viene del sur”.
Más allá del tono sarcástico, Máximo Kirchner cuestionó los giros ideológicos de la dirigente a lo largo de su trayectoria política y sacó a la luz un detalle sobre la juventud de la senadora. En ese sentido, reveló la existencia de "una foto muy linda de un café de Río Gallegos donde están las dos sentadas charlando", en referencia a los años en los que Bullrich militaba en la Juventud Peronista y viajaba a la provincia de Santa Cruz para reunirse con sus padres.
A pesar de las chicanas cruzadas, el líder camporista buscó dejar una definición sobre la construcción política y el rol de la dirigencia en momentos de tensión institucional.
“Si tenés que sentarte a tomar un café con quien sea para mejorar la calidad de vida de tu gente, lo tenés que tomar y sentarte por encima de los gustos personales”, concluyó Kirchner, marcando su postura respecto de la necesidad de priorizar los acuerdos pragmáticos por encima de las diferencias individuales o estilísticas.