Informe semanal del Instituto para el Desarrollo Social Argentino -IDeSA-
Las pruebas internacionales PISA arrojaron para 2025 que el 60 % de los jóvenes escolarizados de 15 años no tiene habilidades básicas de lectura y el 76% no las tiene en matemáticas. El fracaso es contundente. La reacción, tanto en ámbitos políticos como académicos, es bregar por más recursos para la educación. Es tan amplio el acuerdo que se sancionaron muchas leyes que fijan pisos para el gasto en educación sin resultados.
Si bien los malos resultados son generalizados, hay diferencias entre provincias. Sobre esa heterogeneidad, el Índice Edulab que elabora IDESA cuantifica la incidencia de la gestión en los resultados alcanzados. Para detectar el impacto de la gestión sobre los aprendizajes se despejan los impactos de otros factores importantes que inciden en el aprendizaje, como la pobreza, la ruralidad, el gasto público por alumno y el porcentaje de matrícula estatal.
De esta forma, el índice muestra cuánto se alejan los resultados de cada provincia de lo esperable dadas estas condiciones. Si el índice es positivo, la provincia logró una mayor proporción de alumnos con aprendizajes básicos que la esperable en lenguas y matemáticas gracias a una mejor gestión. Si es negativo significa que tuvo menos alumnos con aprendizajes básicos que los esperables debido a déficits de gestión.
Tomando las provincias con resultados extremos el Índice EDULAB muestra que:
---) Entre Ríos tiene 5,7 puntos porcentuales más de alumnos que alcanzan los aprendizajes básicos que los esperables gracias a su buena gestión.
---) Tucumán tiene 7,9 puntos porcentuales menos de alumnos que alcanzan los aprendizajes básicos que los esperables debido a sus déficits de gestión.
---) Esto implica que las brechas de gestión llegan a explicar 13,6 puntos porcentuales de diferencia en la proporción de alumnos con aprendizajes básicos.
Estos datos muestran que la gestión educativa es un determinante importante en los resultados educativos. Si bien el índice está todavía en proceso de análisis, su principal conclusión es que los aprendizajes de los alumnos no dependen solamente de condicionantes socioeconómicos (pobreza y ruralidad) y de recursos (gasto en educación por alumno y porcentaje de matrícula pública).
También pesa de manera decisiva la calidad de la gestión educativa de cada provincia. Por lo tanto, para mejorar los resultados educativos hay que poner más énfasis en mejorar la gestión educativa de cada provincia.
Un factor decisivo para una mejor educación es la capacidad y compromiso de los docentes con el aprendizaje de sus alumnos. Frente a ello, los estatutos docentes, antiguos y vetustos, ponen más énfasis en premiar la antigüedad del docente que en recompensarlo por los aprendizajes de sus alumnos. La remuneración depende más de la permanencia en el cargo que de los resultados y es muy alta la tolerancia al ausentismo. Los problemas se potencian por la excesiva centralización de las decisiones en los Ministerios de Educación provinciales en desmedro de las escuelas, quitando flexibilidad y márgenes de acción y adaptación a los directores de las escuelas.
Otro aspecto fundamental para mejorar la gestión escolar es una adecuada coordinación de roles entre la Nación y las provincias. En particular, que la Secretaría de Educación nacional se concentre en la medición, análisis y difusión de los resultados en los aprendizajes de los alumnos. Esta es la mejor manera de empoderar a la población y, por esa vía, generar presión para que cada provincia tome las decisiones –algunas políticamente muy sensibles– que lleven a una mejor administración de los recursos provinciales invertidos en educación.
Hay un mito que debe ser desterrado: “que la Argentina cuenta con abundantes recursos humanos calificados”. Esto fue cierto en el pasado, cuando el sistema educativo se destacaba en la región. Pero desde hace décadas los indicadores de resultados educativos vienen cayendo. Por eso es urgente empezar a mejorar la gestión de la educación en las provincias.