Luego de estudiar el proyecto de la futura Línea F del subte porteño y sus implicancias, la mítica disquería y librería Zivals decidió comunicar la situación primero desde sus redes sociales y en las últimas horas hacer pública su preocupación a través de una Carta Abierta, además de convocar a firmar una petición en rechazo a la expropiación.
“En estos días, miles de personas se hicieron eco de lo que está en juego en Callao y Corrientes, y una parte importante de la prensa lo tomó y lo puso en discusión. Gracias. La conversación pública que se abrió es exactamente la que este proyecto necesitaba y que hasta ahora no había tenido”, dice la misiva.
En este sentido, indicaron que “lo que está en juego no es solamente un comercio. Es la continuidad de un espacio que forma parte de la vida cultural de Buenos Aires. Es el punto de encuentro transgeneracional de tantas citas, abrazos, discos y libros para compartir con amistades, amores, familia, es el mural de Charly García inaugurado hace algunos meses y el reconocimiento otorgado a Zivals como Sitio Destacado de la Cultura. Y, fundamentalmente, es una comunidad construida alrededor de un lugar concreto de la ciudad durante más de medio siglo”.
“Si esto fuera un negocio, ya lo habríamos negociado. Un negocio se mide en metros cuadrados, en indemnización, en cash flow proyectado. Un negocio se relocaliza. Zivals no” , expresa Fernando Laviz, uno de los pilares de la familia Zivals en la Carta Abierta que lleva su firma, difundida por la librería y disquería, para aclarar informaciones cruzadas y rumores que se han generado alrededor de declaraciones y versiones de las conversaciones por parte de las autoridades de la ciudad.
Ante declaraciones oficiales que plantearon la posibilidad de encontrar una fórmula para que la nueva estación y Zivals puedan coexistir, Zivals sostiene que esa alternativa no preservaría aquello que hace singular al espacio.
Un local nuevo, más pequeño o reconstruido después de las obras puede conservar el nombre, pero no necesariamente la continuidad cultural, social y cotidiana que se generó durante 55 años.
Según plantea Zivals, cualquier alternativa de cierre y posterior reapertura implicaría una interrupción estimada de al menos tres años. Ese tiempo significaría quebrar una continuidad que después resultaría imposible reconstruir: “El hábito de la esquina, en tres años, deja de ser hábito, Zivals desaparecería silenciosamente”.
Zivals, aclara que no están en contra de la construcción del subte y sostiene en cambio que existen otras opciones que permitirían desarrollar la nueva línea sin expropiar el inmueble para una nueva estación. Entre ellas, menciona el proyecto denominado Estación Tucumán 2×1, que permitiría resolver el trasbordo entre las líneas B y D mediante accesos en terrenos de dominio público, y la posibilidad de utilizar el Pasaje Discépolo para emplazar accesos vinculados con la futura estación.
Ambas alternativas fueron presentadas al Ministerio de Movilidad e Infraestructura, pero hasta el momento no recibieron una respuesta. La disquería plantea que la discusión no debería centrarse únicamente en cómo “convivir” con una estación dentro del mismo predio, sino en analizar previamente las alternativas que existen y garantizan la obra pública y, al mismo tiempo, preservan un espacio cultural con 55 años de historia. Porque, como dicen en la Carta Abierta: “No estamos frente a una obra pública que necesita a Zivals para poder hacerse. Estamos frente a una obra pública que eligió hacerse sobre Zivals, teniendo alternativas más económicas, más funcionales y sin costos culturales”.
Fundada en marzo de 1971, Zivals fue una de las primeras tiendas del país en combinar música y libros bajo un mismo techo. Construyó desde sus inicios una propuesta que sigue siendo una rareza en el mercado local: la condición de “especialista en todo” con catálogo profundo en rock, tango, folklore, música clásica, jazz y música del mundo.
En 2007 incorporó Acqua Records, sello dedicado a la música popular argentina con fuerte foco en el tango, hoy referencia obligada para coleccionistas dentro y fuera del país. Cuando a comienzos de los 2000 cayeron cadenas históricas como Musimundo y Tower Records, Zivals resistió y se consolidó como una de las últimas grandes tiendas físicas donde la música conserva un lugar protagónico.