En un diálogo exclusivo con ANDigital, María Eugenia Talerico, trazó un diagnóstico crítico sobre el rumbo político del gobierno de Javier Milei. La abogada penalista, que fue vicepresidenta de la Unidad de Información Financiera (UIF) entre 2016 y 2020 y hoy impulsa el espacio Potencia en la provincia de Buenos Aires, cuestionó la actitud del Presidente frente a los periodistas que investigan al poder, reclamó explicaciones por los presuntos hechos de corrupción que involucran a funcionarios y advirtió que el oficialismo corre el riesgo de perder respaldo si no cumple con la promesa de terminar con los privilegios y la impunidad.
Talerico no desconoce la necesidad de ordenar las cuentas públicas ni la demanda social que llevó a Milei a la Casa Rosada. Por el contrario, considera que la Argentina necesitaba terminar con un Estado que califica de excesivo, costoso e ineficiente. Pero estableció una diferencia central: el ajuste económico no puede convertirse en una justificación para tolerar irregularidades, ni la promesa de una transformación puede servir para eximir al Gobierno de las responsabilidades que le corresponden.
En ese marco, cuestionó las agresiones presidenciales contra el periodismo, volvió sobre la causa vinculada con la criptomoneda Libra, advirtió sobre la relación entre el poder político y la Justicia y sostuvo que el país necesita dirigentes con capacidad de gestión, conocimiento económico y, fundamentalmente, integridad.
Presidente, señalar periodistas uno por uno es la primera página del manual del socialismo del siglo XXI. Chávez empezó insultando a los medios y terminó sacando canales del aire. Acá el kirchnerismo copió el libreto, con la ley de medios, Hebe haciéndole juicios populares a la prensa en Plaza de Mayo y Capitanich rompiendo el diario Clarín. Los argentinos votamos para salir de esas prácticas. Ese manual de populismo es lo que hay que tirar a la hoguera.
— Maria Eugenia Talerico (@eugetale) October 25, 2026
“Se lo ve a un presidente muy desbordado, muy agresivo”, afirmó. Y agregó que, a su entender, las confrontaciones públicas forman parte de una puesta en escena destinada a sostener el acompañamiento de sus seguidores más fieles.
La dirigente también dejó una definición política que abre interrogantes sobre el futuro del oficialismo: destacó a Patricia Bullrich, a quien conoce desde su paso por el ámbito del periodismo y la política, y consideró que podría volver a constituirse en una opción electoral.
El primer tramo de la entrevista estuvo atravesado por la preocupación ante las expresiones de Milei contra periodistas y trabajadores de prensa. La discusión no se limitó al tono de los mensajes presidenciales, sino que se extendió al papel que debe cumplir el periodismo de investigación en una democracia y a los riesgos de que las descalificaciones provenientes del máximo nivel del Estado terminen alentando la hostilidad contra quienes investigan al poder.
Talerico consideró que el Presidente se excede en sus reacciones y vinculó esa conducta con las investigaciones que ponen bajo cuestionamiento a integrantes de su administración.
“Es un show que hace para un público muy afín que él tiene y muy seguidor”, sostuvo.
Según su análisis, Milei había encontrado en la confrontación una herramienta para presentarse como víctima de un sistema que, desde su perspectiva, pretende impedir las transformaciones que impulsa. Sin embargo, la exfuncionaria trazó un paralelismo con prácticas que cuestionó durante los gobiernos kirchneristas: la construcción de adversarios, la exposición pública de quienes resultan incómodos y la descalificación de los críticos.
Para Talerico, la diferencia no debe buscarse en la identidad partidaria de quien ocupa el poder, sino en el respeto por la libertad de expresión y por el trabajo de quienes investigan los asuntos públicos.
“El poder nunca quiere ser investigado, y en general el poder ataca a la prensa libre”, afirmó.
En ese sentido, consideró que existe una tendencia a radicalizar las formas de confrontación contra los periodistas y advirtió que el fenómeno excede a la Argentina. Mencionó la violencia que sufren trabajadores de prensa en otros países y sostuvo que las investigaciones periodísticas incomodan porque pueden exponer aquello que los gobernantes preferirían mantener fuera de la discusión pública.
La dirigente también puso el acento en la responsabilidad que implica hablar desde una posición de poder. Un presidente, por su visibilidad y por la influencia que ejerce sobre sus seguidores, no puede desconocer el alcance de sus palabras.
“Si yo aliento a la violencia y la gente que me quiere y que me cree va a salir a hacer violencia, que venga eso de un presidente es terrible”, advirtió. La preocupación se extiende al escenario institucional. Durante la conversación se mencionó la presentación impulsada ante la Relatoría Especial de las Naciones Unidas sobre la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y expresión, con participación de integrantes del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), frente a los ataques contra la prensa y las modificaciones que afectan el marco de protección del ejercicio periodístico.
Para Talerico, el problema no es la existencia de periodistas críticos, sino aquello que sus investigaciones ponen al descubierto. “El problema no es el periodismo, el problema es que haya corrupción en el Gobierno”, remarcó.
La causa $Libra y las respuestas pendientes
Uno de los puntos más duros de la entrevista estuvo dedicado a la causa relacionada con la criptomoneda $Libra y al papel que, según los cuestionamientos planteados, habría tenido Javier Milei en la promoción del activo digital.
Talerico sostuvo que la discusión no puede reducirse a la decisión individual de quienes compraron la criptomoneda y luego perdieron dinero. A su entender, es necesario examinar también la responsabilidad que podría derivarse de la promoción realizada por el Presidente y las reglas que deben regir la conducta de un funcionario público.
“Usted, ¿por qué compró? Porque promocionó Milei; si no, ni se hubiera metido a perder plata en el negocio”, planteó al explicar su cuestionamiento.
La exvicepresidenta de la UIF diferenció la especulación financiera de la posible existencia de responsabilidades institucionales. Una cosa, señaló, es que una persona decida participar de una operación riesgosa; otra, muy distinta, es analizar si un funcionario puede intervenir en la promoción de un negocio privado y qué consecuencias podría tener esa conducta.
En ese contexto, mencionó la figura de negociación incompatible con el ejercicio de la función pública y cuestionó el tratamiento que, según su interpretación, recibió la investigación.
También puso en discusión el argumento referido al uso de una cuenta personal. Para Talerico, la circunstancia de que una cuenta sea particular no elimina por sí sola los interrogantes cuando quien la utiliza ocupa la Presidencia de la Nación y posee una exposición pública extraordinaria.
La dirigente cuestionó, además, que se haya cerrado la investigación sin que, a su juicio, se hayan esclarecido todos los aspectos que considera relevantes.
Sus planteos constituyen una crítica política y jurídica a la actuación de los organismos intervinientes. La existencia de esas objeciones no equivale, por sí misma, a una determinación judicial de responsabilidad penal de Milei.
Pero para Talerico el asunto tiene una dimensión que trasciende el desenlace de un expediente: pone a prueba la credibilidad de un Gobierno que llegó al poder con la promesa de terminar con las prácticas que atribuía a la denominada casta política.
La pregunta que atraviesa su razonamiento es directa: ¿puede un oficialismo exigir sacrificios económicos a la sociedad y reclamar ejemplaridad a sus adversarios si no ofrece, al mismo tiempo, garantías de transparencia sobre su propia conducta?
Talerico fue especialmente crítica con la idea de que el Gobierno de Milei representa, por definición, una ruptura con los vicios de la política tradicional.
A su entender, el oficialismo no puede sostener indefinidamente su identidad sobre la denuncia de los errores de las administraciones anteriores mientras evita responder por los cuestionamientos que aparecen dentro de sus propias filas.
“Se quieren creer que este Gobierno vino a combatir a la casta. O sea, no corroboramos más, eso es mentira”, lanzó durante la entrevista.
En su análisis, el escenario se vuelve más complejo porque la situación económica todavía no ofrece a buena parte de la sociedad el alivio esperado. Las dificultades cotidianas, el costo de los servicios y el impacto del ajuste conviven con las denuncias y los interrogantes sobre la conducta de funcionarios y dirigentes cercanos al poder.
Talerico mencionó los cuestionamientos que, según sostuvo, rodean a integrantes del Gobierno y a personas vinculadas con su entorno. También aludió a situaciones relacionadas con funcionarios y asesores, y reclamó que las sospechas sean investigadas en lugar de quedar diluidas en la confrontación política.
Su crítica no implica una defensa del kirchnerismo ni de los gobiernos anteriores. De hecho, durante la charla cuestionó con dureza la gestión bonaerense de Axel Kicillof, el funcionamiento del Estado provincial y los problemas que, según planteó, padecen los ciudadanos en áreas como salud, seguridad y educación.
La diferencia es que, para ella, el rechazo a una administración no puede convertirse en una autorización para dejar de exigirle explicaciones a la siguiente.
“Yo no me voy a resignar a esa revolución productiva del menemismo que nos dejó, que lo vitorearon todos. Yo no quiero gente que siga robando en este país”, sostuvo al explicar uno de los motivos de su enfrentamiento con el oficialismo.
La referencia al menemismo también expone una advertencia política: la promesa de modernización económica no alcanza si no está acompañada por controles, transparencia y una conducta pública que permita distinguir entre quienes buscan transformar el Estado y quienes pretenden utilizarlo en beneficio propio.
Para Talerico, el desafío no consiste solamente en reducir gastos o modificar estructuras administrativas. Se trata de construir un sistema en el que la eficiencia económica no esté separada de la responsabilidad institucional.
La mirada de Talerico sobre el programa económico de Milei no es de rechazo absoluto. La dirigente reconoció que la Argentina necesitaba terminar con el desequilibrio fiscal y cuestionó el tamaño del Estado, especialmente en la provincia de Buenos Aires.
A su juicio, durante años el país sostuvo estructuras costosas que no siempre dieron respuestas satisfactorias a los ciudadanos. En territorio bonaerense, mencionó los problemas de IOMA, la situación de los hospitales, la inseguridad y las deficiencias educativas como ejemplos de una administración que, según su planteo, debe explicar qué hace con los recursos que recauda.
También defendió la necesidad de aliviar la presión tributaria y permitir que las personas produzcan, trabajen e inviertan sin quedar sometidas a regulaciones que consideró excesivas.
Sin embargo, marcó una diferencia entre ordenar las cuentas públicas y desarrollar una política económica capaz de generar oportunidades.
“¿Podemos bajar impuestos si no generamos producción, trabajo e inversión?”, se preguntó durante la conversación.
La respuesta, en su razonamiento, es que la reducción del gasto y la estabilidad fiscal no pueden constituir los únicos objetivos de una administración. El país necesita ampliar su capacidad productiva, crear empleo y generar condiciones para que la actividad económica se traduzca en mejores perspectivas para la población.
En ese punto, cuestionó que el crecimiento de las exportaciones de petróleo, gas y litio sea suficiente por sí solo para resolver las dificultades estructurales de la economía argentina.
La generación de divisas es importante, reconoció, pero debe estar acompañada por una estrategia que permita multiplicar el trabajo y la inversión.
Talerico tampoco desconoce el costo social de un proceso de estabilización. Admitió que el ajuste puede provocar sufrimiento y que las transformaciones económicas no se producen sin dificultades. No obstante, advirtió que el Gobierno debe evitar que ese esfuerzo sea percibido como un sacrificio impuesto a la sociedad mientras los responsables de administrar el Estado quedan al margen de las exigencias de ejemplaridad.
En su crítica, el problema aparece cuando el discurso oficial reclama paciencia y esfuerzo, pero convive con la soberbia, la descalificación de quienes piensan distinto y las denuncias que todavía requieren explicaciones.
La dirigente insistió en que la transformación que necesita la Argentina debe reunir dos condiciones: responsabilidad económica y decencia en el ejercicio de la función pública. No alcanza con prometer que se terminará con los privilegios. Es necesario demostrarlo.
La preocupación de Talerico también se extendió al funcionamiento de la Justicia y a la relación entre el poder político y los organismos encargados de investigar y sancionar posibles delitos.
La abogada recordó su trayectoria en el ámbito de la prevención del lavado de activos y su experiencia en las discusiones sobre la independencia de las instituciones. Desde esa perspectiva, cuestionó lo que considera una convivencia perjudicial entre sectores de la Justicia y dirigentes políticos.
En la entrevista mencionó distintos expedientes y controversias públicas, entre ellos las investigaciones y cuestionamientos que involucran a dirigentes del ámbito deportivo. Sus referencias expresaron su posición crítica frente a lo que considera posibles situaciones de encubrimiento o falta de independencia, sin que esas afirmaciones deban confundirse con una conclusión judicial sobre las personas aludidas.
El planteo central, sin embargo, fue más amplio: Talerico cuestionó que un Gobierno que se presenta como una ruptura con el pasado pueda terminar reproduciendo prácticas que ella combatió durante años.
También expresó preocupación por la posibilidad de que se impulsen decisiones que, en su interpretación, condicionen la independencia del Poder Judicial, incluida la discusión sobre eventuales propuestas para integrar la Corte Suprema.
“Es el gran desafío y el gran enfrentamiento que tengo con este Gobierno”, sostuvo al referirse a su reclamo de dirigentes capaces de combinar honestidad, conocimiento de la economía e idoneidad para administrar.
La frase sintetiza el núcleo de su distancia con Milei. Talerico no plantea que la honestidad deba ser una virtud aislada de la capacidad de gestión, sino que ambas condiciones deben coexistir.
En su mirada, la política argentina arrastra un problema doble: dirigentes cuestionados por su conducta y funcionarios que, además, no siempre consiguen resolver los problemas para los cuales fueron elegidos.
La salida, por lo tanto, no consiste en reemplazar una estructura por otra que termine reproduciendo los mismos defectos. El cambio, para que sea duradero, debe modificar las reglas de funcionamiento del poder.
La crítica al oficialismo tiene, en el caso de Talerico, una traducción política concreta. La dirigente impulsa Potencia, un espacio que busca construir una alternativa liberal y republicana en la provincia de Buenos Aires, por fuera de las estructuras tradicionales y con una identidad propia.
Durante la entrevista explicó que Potencia no es simplemente un partido político, sino el nombre elegido para una construcción que pretende reunir a dirigentes y ciudadanos dispuestos a participar de una experiencia diferente.
El espacio compitió en 2025 junto con otras fuerzas políticas, entre ellas sectores vinculados con el liberalismo y el desarrollismo. Sin embargo, Talerico aclaró que aquella alianza respondió a las circunstancias de esa elección y que la etapa actual está orientada a consolidar una estructura territorial propia.
En ese proceso, reivindicó la influencia de Ricardo López Murphy en su incorporación a la política y definió el perfil que pretende para el espacio.
“Primero necesito saber que estamos con gente decente”, afirmó.
La definición no fue casual. Para Talerico, la construcción política debe comenzar por la integridad de quienes participan y continuar con la capacidad para elaborar propuestas, gestionar y dar respuestas concretas.
En esa línea, sostuvo que la provincia de Buenos Aires necesita recuperar su ruralidad y generar condiciones para que los jóvenes puedan seguir viviendo en sus pueblos.
La crítica apunta a una dinámica que, según su interpretación, llevó a muchos municipios a depender de estructuras de empleo público sin una estrategia suficiente para impulsar la producción y el desarrollo local.
“Necesitamos recuperar la ruralidad en la provincia de Buenos Aires, pero como los políticos en general están mirando otra cosa, todo eso lo perdimos”, señaló.
Su propuesta apunta a convocar a dirigentes del PRO y de la UCR que no encuentren espacio en las estructuras que se están reorganizando alrededor de La Libertad Avanza, además de ciudadanos que se incorporen por primera vez a la actividad política.
Talerico consideró que existe un sector que depositó expectativas en Milei porque lo veía como una alternativa disruptiva frente a las fuerzas tradicionales y que hoy puede sentirse decepcionado por el rumbo del Gobierno.
“Nosotros los esperamos con las manos abiertas, porque no somos lo mismo, y vamos a construir algo distinto en los municipios de la provincia”, afirmó.
La apuesta de Potencia consiste, así, en aprovechar el malestar de quienes no quieren regresar a las experiencias anteriores, pero tampoco se sienten representados por el oficialismo actual.
No se trata de una tarea sencilla. La dirigente deberá demostrar que existe espacio electoral para una propuesta que pretende disputarles terreno a dos polos con mayor estructura, visibilidad y capacidad de movilización.
Pero su diagnóstico parte de una convicción: una parte de la sociedad busca una alternativa que combine orden económico, respeto institucional, desarrollo productivo y honestidad en la administración pública.
La discusión sobre la posibilidad de una alternativa electoral también estuvo presente en el diálogo con ANDigital. Consultada sobre la construcción de una tercera vía o un espacio de centro, Talerico expresó su preocupación por los cambios en las reglas de competencia electoral y, particularmente, por los intentos de eliminar las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias.
A su entender, las PASO cumplen una función importante porque permiten que los ciudadanos conozcan otras propuestas y participen en la selección de candidatos, incluso cuando estos no cuentan con el respaldo de las fuerzas políticas de mayor tamaño.
“Para mí las PASO son importantes para que la gente conozca a otros candidatos”, afirmó.
La dirigente advirtió que, sin ese mecanismo, la competencia puede quedar reducida a las fuerzas con mayor estructura y capacidad de negociación, limitando las posibilidades de los espacios emergentes.
En ese escenario, consideró que la ciudadanía podría quedar condicionada a elegir entre La Libertad Avanza y las alternativas que consiga organizar el peronismo, sin contar con instancias previas que permitan evaluar otras opciones.
Talerico cuestionó, además, el peso que adquieren las negociaciones políticas cuando las reglas electorales se modifican en función de acuerdos entre el Gobierno nacional y los gobernadores. “Terminamos negociando todo. Una vergüenza”, sostuvo.
La advertencia tiene una dimensión que va más allá del calendario electoral. Para una fuerza que busca construir una identidad propia, la existencia de mecanismos que faciliten la competencia puede resultar decisiva para obtener visibilidad, presentar candidatos y consolidar su presencia territorial.
La dirigente entiende que una tercera vía no se construye solamente con dirigentes que se distancian de los partidos mayoritarios. También necesita condiciones que permitan que esa alternativa sea conocida, discutida y elegida por la ciudadanía.
Uno de los pasajes políticamente más significativos de la entrevista apareció cuando se le preguntó a Talerico por las posibilidades electorales de Milei y por el desgaste que observa en el Gobierno.
La dirigente destacó la figura de Patricia Bullrich, con quien compartió experiencias en el ámbito político y periodístico, y consideró que la actual senadora podría volver a posicionarse como una alternativa.
“Yo creo que Patricia puede terminar siendo”, respondió al analizar el escenario político. Talerico la describió como una dirigente con experiencia, capacidad de conducción y conocimiento de la actividad política. Recordó, además, que ella misma integró una lista encabezada por Bullrich como candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.
“Realmente es una persona muy correcta y aparte es política, sabe lo que está haciendo”, señaló.
La valoración resulta relevante porque proviene de una dirigente que hoy construye un espacio independiente de La Libertad Avanza y que mantiene fuertes diferencias con el Presidente en materia institucional y ética.
Talerico observó que Bullrich parece estar marcando diferencias con el Gobierno y sostuvo que su posicionamiento puede estar relacionado con el contexto económico y con los últimos acontecimientos políticos.
De todos modos, no presentó esa posibilidad como una definición cerrada. La dirigente consideró que habrá que observar cómo evoluciona el escenario y de qué manera se expresan esas diferencias dentro del oficialismo.
La referencia a Bullrich también deja abierta una discusión sobre el futuro de La Libertad Avanza: si el desgaste presidencial se profundiza, ¿podrán surgir otras figuras capaces de representar al electorado que acompañó el cambio, pero que hoy reclama mayor moderación, transparencia y capacidad de gestión?
Para Talerico, la respuesta no está definida. Pero la posibilidad de que Bullrich se convierta en una alternativa forma parte de las opciones que, a su juicio, merecen ser consideradas.
Al evaluar el futuro político del Gobierno, Talerico identificó tres factores que, según su análisis, pueden erosionar el respaldo social: la soberbia, la agresividad y los cuestionamientos por corrupción.
La dirigente reconoció que la situación económica representa una dificultad cotidiana para numerosos argentinos y que los procesos de estabilización pueden implicar sacrificios. Sin embargo, consideró que el desgaste no se explica únicamente por el impacto del ajuste.
A su entender, existe un problema adicional cuando el discurso oficial se dirige con dureza contra sectores vulnerables o contra quienes cuestionan las decisiones del poder.
En la entrevista mencionó particularmente a los jubilados y a las personas con discapacidad, y sostuvo que la actitud del Gobierno frente a esas situaciones contribuye a generar malestar.
El punto central, para ella, es que el esfuerzo social debe tener una contrapartida: la certeza de que quienes conducen el Estado actúan con honestidad y respetan a los ciudadanos.
Talerico utilizó una comparación para explicar las dificultades de una transformación económica. Sostuvo que salir de una situación prolongada de desequilibrio puede resultar doloroso, como ocurre con un proceso de recuperación que exige tiempo y esfuerzo.
Pero esa explicación, advirtió, pierde fuerza cuando aparecen cuestionamientos sobre la conducta de los funcionarios.
“Para que esto valga la pena nosotros necesitamos en serio que sean decentes”, remarcó.
Y volvió sobre el punto que atravesó toda la conversación: la necesidad de que el Gobierno responda a las denuncias y no pretenda neutralizar las críticas mediante ataques personales o descalificaciones.
La advertencia es política. Un oficialismo que reclama paciencia frente a las dificultades económicas necesita sostener una conducta que permita justificar ese esfuerzo. Si la sociedad percibe que el sacrificio no está acompañado por transparencia, respeto e integridad, el respaldo puede deteriorarse.
Para Talerico, la transformación argentina no puede quedar reducida a una disputa entre el presente y el pasado. El desafío consiste en construir una alternativa que no reproduzca los errores de los gobiernos anteriores y que tampoco convierta las expectativas de cambio en una autorización para actuar sin controles.
Su planteo, en definitiva, es que la renovación política no se mide únicamente por el discurso con el que se llega al poder, sino por la conducta que se mantiene una vez que se lo ejerce.
Y en esa discusión, la dirigente de Potencia dejó una definición que resume su mirada sobre el momento argentino: el país necesita dirigentes capaces de ordenar la economía, generar trabajo y transformar el Estado, pero también de demostrar que la honestidad no es una promesa de campaña, sino una obligación permanente.